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GÉNERO CRÓNICA----
He visto cada cosas queriendo pasar por
crónicas…que me he lanzado al ruedo.
Bien lo dijo el crítico Rolando Pérez
Betancourt, la crónica es “ese jíbaro”. Algo cuasi inasible,
difícil de atrapar, de definir y sobre todo de hacer… porque ya se
ha dicho que una delgada línea separa lo sublime… de lo ridículo.
Los manuales de periodismo
de mi época de estudiante –principios de los noventa-
se enredaban en consideraciones como que la crónica “usaba técnicas
de la literatura”, una verdadera estrechez.
¿Buscar fronteras
absolutas entre literatura y periodismo? ¿Sería lícito y congruente
a estas alturas, hablar de “literatura pura” y “periodismo puro”
como si se hablara de dos islas con un océano por medio? ¿Cuánta
validez tendrían semejantes “purismos”?
Otros han dicho que la
diferencia estriba en que el periodismo es sobre todo
“comunicación”, y la literatura, “estética”.
Sigo en el bando
contrario.
Si para comunicarse en
ambos casos se utiliza la lengua, ¿por qué despojar la idea de sus
vestiduras? ¿O peor, es posible que tales vestiduras, envuelvan la
idea de manera tal, que esta se oculte entre sus pliegues?
¿Quién puede afirmar que
los tropos y las galanuras de la lengua son pura materia
“literaria”? ¿Quién las autoriza para un cuento y se las niega a
una crónica o un reportaje?
Hay quien ve en la crónica
una sustancia: “perio-literaria”.
La lengua es de los
hablantes y de los escribientes, independientemente de lo que se
vaya a escribir: un cuento, un reportaje, una carta o un breve
mensaje.
Hasta en el habla oral, no
es posible obviar metáforas, hipérboles o símiles, mucho más de lo
que habitualmente se cree.
Deténgase ahora mismo y
verá cuantas sorpresas le salen al camino.
Unos dicen que ya no hay
“géneros puros”, los han desterrado, y sin que falten cuotas -que la
verdad se construye a trazos-… he sospechado que se trata en más de
un caso de un comodín, cuando no de una carencia.
Ahí está José Martí,
tendiendo el puente: “Dígase la verdad que se tiene, con el mayor
arte con que se pueda decirla”.
La idea sin rebajar la
forma.
La crónica es el río,
el líquido vital por su justo cauce, sin desbordamientos dañinos.
Todo parece quedar fundido
en tiempos más modernos con el llamado periodismo literario.
Permítame Maestro, acudir de nuevo a su savia esclarecedora:
“Que un periódico sea
literario no depende de que se vierta en él mucha literatura,
sino de que se escriba literariamente todo”. (José Martí)
En mis tiempos imberbes
–cada vez más lejanos- tras un ejercicio de búsqueda y
discriminación de textos en español y otros idiomas, logramos un
concepto hecho por nosotros mismos, vistas las minusvalías de las
definiciones consultadas, al menos a nuestro entender.
Las confusiones de la
“crónica periodística” con el “contar los hechos cronológicamente” a
la manera de un diario o una carta de relación… era alarmante. Y
aún.
Me sentí un descubridor…
cuando escribí en la pizarra, impulsado por una de esas profesoras
inolvidables, Yamile Haber. Entonces….
Crónica es un relato
con libertad de imaginación, donde lo más importante es el elemento
emotivo de lo que se narra.
Vuelvo a Rolando Pérez
Betancourt, un arriesgado que sabe bien cuanto habla:
“Desde hace mucho
tiempo sostengo que se puede escribir una crónica de cualquier tema:
un vaso, un río, la noche, un lápiz, una cazuela, mi abuela… Asuntos
en los cuales muchas veces no hay un acontecimiento noticioso y la
recreación literaria es el mayor interés… Se puede escribir un
bellísima crónica sobre una cazuela, pero ¡hay que pulirla!”.
La inclusión de las
crónicas entre los “géneros informativos” hace que se insista en lo
“informativo” o “actual” que deba tener.
¿El carácter central (la
columna de todo), está en el estilo, en el contar; o en la
actualidad?
¿Carece de información una
crónica?
¿Dejaría de ser crónica,
la historia de una cazuela… porque no se trate de la narración de un
acto masivo o del triunfo en los Juegos Olímpicos?
Bueno, no nos apresuremos…
tal vez habría que ver la historia de esa cazuela, para darle las
palmas o un cacerolazo.
¿El cronista escribe de
hoy y para hoy; o escribe desde su tiempo, sobre cualquier otro
tiempo y hecho… acaso, para todos los tiempos?
¿Por qué entonces leemos
algunas crónicas de épocas idas, con igual interés? ¿Se propusieron
hacer periodismo, comunicar; o hacían literatura? ¿Hacían ya el
periodismo literario que hoy pretendemos “descubrir” y “etiquetar”?
Cuantas interrogantes se
agolpan.
Acudo pues al viejo Martín
Vivaldi: “El cronista no es como el fotógrafo que reproduce
un paisaje; es el pincel de pintor que interpreta la naturaleza,
prestándole un acusado matiz subjetivo”.
La crónica es una
pintura con palabras, acaso con un pincel muy delicado.
Y sigo: ¿Por qué se le
endilga “subjetividad” sólo a la crónica… y “objetividad” a la
noticia?
Vieja llaga que toco…
¿Existe una descripción
“objetiva” que pueda ser aséptica de ideas?
¿Es que acaso el acto de
reflejo de la realidad en nuestra mente, no pasa ya de por sí por la
subjetividad de nuestros conocimientos previos, filiaciones
culturales y sentimentales?
¿Cuándo escogemos un
repertorio de palabras y rechazamos otras… no hacemos ya uso de
nuestra prerrogativa “subjetiva”?
¿La realidad pueda ser
reflejada con letras, puede ser calcada….o apenas refractada,
re-creada?
Incluso, ¿una fotografía
capta toda la realidad o sólo aquella parte que enfocamos, que
seleccionamos en un determinado instante?
Estoy casi a punto de
extraviarme como mis antecesores sobre la crónica, pero les excuso,
que de los temas apasionados, no se sale de un plumazo.
Encuentro un asidero en el
Diccionario Periodístico de Evelio Tellería. El tiempo le ha
pasado, es verdad, pero todavía hay rayos como soles.
“En la crónica, decimos
nosotros, como tipo de trabajo en que es fundamental la impresión
personal de quien escribe, no hay que ajustarse a patrones
propios de la información noticiosa, aunque la crónica contenga
fases informativas”.
¿Qué son esas fases
informativas? ¿Ciertos asideros con la actualidad? ¿Acaso puede
hacerse una crónica desligada de un hecho dado y se necesita
remarcar lo de las fases informativas?
¿Y qué es actualidad? ¿Lo
que ocurre ahora mismo o un hecho al que le busquemos su arista que
“lo traigan” al hoy?
Y lo más importante a mi
modo de ver. Condición sine qua non…. ¿Radica el interés de un
relato en lo que sucedió esta mañana… o en como se cuenta hoy lo que
sucedió tal vez hace muchas mañanas? ¿Eso lo rebaja?
¿Estoy en un atolladero?
¿O en la trampa de las definiciones de las definiciones?
La crónica abre la coraza
para que el suceso “penetre” y no se puede hacer desde el aire, ni
confundirse con el adorno ni las palabritas hermosas o
“pretendidamente literarias”
Recuérdese la delgada raya
entre lo sublime y… lo otro.
Y que el periodismo,
aunque puede fabular en el aspecto narrativo, no es fábula, ni es
invento de hechos que nunca ocurrieron.
Ni se puede escribirse
para un periódico, ignorando que posiblemente la imagen o la radio,
ya pusieron la noticia en circulación.
Decirlo mejor, se presenta
tan importante como decirlo primero. Y decirlo mejor, es ser más
intenso.
La crónica es pues, un
relato escrito cinematográficamente desde la emoción.
La crónica es el arte
de descubrir las alas de un hecho y echarse a volar con él.
La crónica es la
estética en función comunicativa.
Regreso a los cronistas.
Elio Constantín emite sus ideas:
“La crónica por su
carácter de cosa no inmediata, no precipitada, debe poseer más
calidad literaria que la simple información o noticia. No se puede
como en el caso del reportaje fijar normas estrechas para la
confección de una crónica, porque su belleza o su deficiencia irá
en razón directa con la capacidad de quien escribe”.
Aunque no creo en la
“simpleza” de una información ni en las “normas estrechas” de un
reportaje, el experimentado periodista remarca el “yo” del cronista…
lo que no quiere decir per se, que el cronista, el “yo”,
sustituya al hecho.
Crónica es el relato de un
hecho que cala. Y eso determina como es narrado, para que siga
penetrando en quien lee, escucha o ve.
La crónica es pues, el
relato emocional de un hecho.
Y aquí lo dejo… por ahora.
¿Y Usted, no se anima a cronicar?
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