| La entrevista |
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| Autora: Julián Pérez Valdés |
| Medio: Radio Ciudad del Mar. Cienfuegos,
Cuba www.rcm.cu
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| email:
lperez@enet.cu
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GÉNERO ENTREVISTA----
Tal vez para no pocos periodistas
de mayor o menor experiencias, pero con determinado recorrido en la
profesión, la entrevista -una buena entrevista-, sigue siendo uno de
los géneros más difíciles en el quehacer cotidiano.
De ahí que se vea con asombro
cómo cualquiera cree que puede hacer una entrevista y, lo que es
peor, algunos jefes de información envían a los primerizos con
cuatro preguntas y una grabadora a realizar determinada entrevista
como si eso fuera coser y cantar.
Gabriel García Márquez,
sobre nuestra profesión resaltó en una oportunidad: “Otra cosa que
me preocupa de las entrevistas es su mala reputación de mujer fácil.
Cualquiera cree que puede hacer una entrevista, y por lo mismo el
género se ha convertido en un matadero público…”
Y agregó: “El entrevistado
tratará siempre de aprovechar la oportunidad de decir lo que quiere
y –lo más preocupante -, bajo la responsabilidad del entrevistador;
el cual, por su parte, tiene que ser muy zorro para saber cuándo le
han dicho la verdad”.
El juego del
gato y el ratón
La entrevista, considerado
género maestro, porque en ella está la fuente de la cual se nutren
todos los demás, es semejante al juego del gato y el ratón, donde
habilidad y destreza son fundamentales.
Este género busca mostrar
al público aspectos poco conocidos sobre la personalidad o la forma
de pensar de una persona respecto a un tema, lo que hace que el
entrevistador, ineludiblemente, deba conocer de antemano con
precisión y profundidad, sobre la persona a quien va a entrevistar,
pues de esa forma podrá lograr un trabajo de calidad que resulte
llamativo, interesante y diferente en relación con otros de su mismo
género.
La entrevista debe ser, en
la mayoría de los casos, breve y su lenguaje objetivo y directo, ya
que el periodista -éste en ocasiones se descuida-, no debe opinar o
hacer juicio sobre lo que dice el entrevistado, solo se debe limitar
a preguntar, con interrogantes cortas, inteligentes y concretas,
así como cuidar que las respuestas sean claras.
Al periodista le está
permitido debatir la respuesta, pero siempre con miras a hacer otra
pregunta y dejar clara la posición del entrevistado.
Tipos de
entrevistas
Según los especialistas
existen tres tipos de entrevistas: De personajes, de actualidad y de
opinión.
Entre las de personaje
aparecen las de Personalidad (lo que interesa es el entrevistado),
Retrato (el entrevistador pinta una imagen lo más cercana posible
del entrevistado), y Bibliográfica (relata la vida del personaje,
vivencias y anécdotas)
Aquí aparecen también la
Psicológica (considerado test psicoanalítico) De declaración
(interesa el tema de la entrevista) De ocasión (sobre un tema de
actualidad u ocasional) y de pasatiempo (es una charla larga e
informal)
En las entrevistas de
actualidad se busca la noticia, mientras que la de opinión es la que
requiere solo del criterio del entrevistado sobre un suceso o hecho
determinado.
Hoy la entrevista no es
solo un instrumento de la comunicación social, esta técnica se
utiliza en otras ramas del saber como Sociología, Psicología, la
Salud y en Derecho.
En periodismo constituye
uno de los géneros más útiles, ya que no solo permite recoger, de
primera mano, ideas, opiniones y versiones de los hechos sino, con
frecuencia, nos pone en contacto directo con la fuente de la
información.
El qué y el
cómo de la pregunta
La entrevista es un juego
de preguntas y respuestas que tiene por objetivo el de exponer,
mediante las palabras del entrevistado, hechos, razones u opiniones
sobre un tema determinado, de forma que el oyente, televidente o
lector, pueda llegar a una conclusión.
De ahí, que para lograr lo
que se quiere en cada respuesta sea indispensable saber preguntar y
demostrar con ello, en cada entrevista, que el periodista es digno
rival en lo que algunos autores han denominado “noble duelo” entre
quien pregunta y quien responde.
¿Qué pregunto? Es la
interrogante que nos viene a la mente cuando incursionamos en las
primeras entrevistas de lo que será un largo camino de quehacer
periodístico, incluso también le sucede a más de un experimentado
reportero cuando, por razones de peso, debe atender a sectores a
los cuales no está habituado.
Llamémosle a ese Qué:
contenido de la pregunta, el cual es importante porque refleja una
actividad en cuestión y precisamente acerca de ella tratará la
pregunta al entrevistado.
En dependencia de los
conocimientos que posea o la preparación que logre el periodista
acerca del tema o asunto, así será de eficiente ese qué, de ahí que
nos exige una preparación mínima indispensable para no llegar a la
entrevista, como se dice en el argot popular, en pañales.
Los periodistas nos
preocupamos tanto por el ¿Qué pregunto?, que olvidamos el ¿Cómo
pregunto?, el cual, es tan o más importante que aquel, en aras de
lograr una buena entrevista.
¿Cómo
preguntar?
En la entrevista, como en
la vida, los extremos son malos, es decir, que es tan desacertado
utilizar las denominadas preguntas anchas como las conocidas por
estrechas.
Las preguntas anchas son
las que provocan que el entrevistado no llegue a saber exactamente
qué es lo que se le está preguntando, incluso ocurre que se quiere
hacer una interrogante tan amplia que, sin darnos cuenta, lleva
implícita parte de la propia respuesta que pretendemos obtener del
entrevistado.
Preguntas estrechas son
consideradas aquellas que provocan respuestas, extremadamente,
cortas, tales como un nombre, un lugar, una fecha o una sentencia,
que puede ser si o no, también incluye una expresión de duda; a no
ser que sea eso lo que realmente desee el entrevistador y que de pie
a una nueva pregunta.
Se deben evitar las
preguntas múltiples, pues se corre el riesgo de que sólo se responda
la primera y se obvien las demás, así como tampoco es recomendable
utilizar preguntas capciosas, indolentes y maliciosas, pues pueden
colocar al entrevistado en determinada posición, que lejos de
facilitar entorpezcan el diálogo.
Hay entrevistadores a los que
les encanta hacer afirmaciones en lugar de formular preguntas, aquí
se corre el peligro de que la entrevista deje de serlo para
convertirse en debate.
El tiempo casi siempre es
oro, por lo tanto es necesario decirle de antemano al entrevistado
de cuánto se dispone, para evitar durante la entrevista la
imposición de limitaciones de tiempo con frases como: “Brevemente,
quisiera…”, “En su forma más simple…”, “Si usted tuviera que definir
en un minuto…”, o la palabra “Finalmente”, que por cierto de
utilizarse debe ser una sola vez.
La entrevista debe ser un
hecho espontáneo y aunque el tema puede ser discutido de antemano
las preguntas nunca deberán ser facilitadas por adelantado, de lo
contrario parecería todo arreglado.
En la misma medida que el
entrevistado se sienta “sorprendido” por la pregunta ocurrirá así
para el oyente, el lector o el televidente y de ahí depende en parte
el éxito del trabajo periodístico.
Es importante que el
entrevistador siga “al pie de la letra” el hilo de la entrevista, ya
que el propio diálogo puede servir para hacer nuevas preguntas no
concebidas de antemano.
La mejor pregunta es
aquella que menos se hace y donde se solicita opinión, juicio, razón
sobre determinado aspecto, tema o asunto. ¿No fue con ese objetivo
que acudimos hasta él? ¿Por qué entonces divagar?
Según José A Benítez, en
Técnica Periodística: “Un viejo manual de periodismo expone que
sólo a los jueces y a los periodistas les es lícito preguntarlo
todo; pero el juez tiene autoridad para exigir la respuesta y el
periodista ha de obtenerla por habilidad al preguntar”.
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