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Unión de Periodistas de Cuba |
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Centro de Información para la Prensa |
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REDACCIÓN Y ESTILO----
Un interesante
artículo bajo el título “El costo de las erratas”, del colega Juan
Morales Agüero (Juventud Rebelde 2-9-2003) invita a los
profesionales de la prensa a reflexionar acerca del tema de las
pifias en nuestro diario quehacer.
El trabajo recoge varios ejemplos de erratas ocurridos en diferentes
órganos y épocas, ya que a decir del autor: “Ningún periódico en el
mundo puede vanagloriarse de su influjo”. Y agrega: “La errata ha
hecho rabiar a mucha gente de la letra impresa y no en pocas
ocasiones le ha costado el empleo a su responsable”.
Entre otros casos él cita uno muy jocoso y trata de un periodista
que al dedicar una crónica social a la hija del dueño del rotativo,
quiso decir: “Basta escribir su nombre, Mercedes, para que se sienta
orgullosa la tinta”, sólo que en lugar de tinta, escribió “tonta”.
EN RADIO Y TELEVISIÓN
Aunque el colega Morales Agüero solamente expone ejemplos de erratas
en órganos de la prensa escrita, sabemos que éstas han estado y
están de vez en cuando, presentes en la Televisión y en la Radio,
donde también causan estragos, con independencia de que en esos
últimos el error tan solo se escucha y no siempre hay una constancia
escrita para demostrar que donde dice “digo”, dije “Diego”.
A pesar de que cada trabajo periodístico casi siempre es revisado
por más de una persona, por aquello de que “cuatro ojos ven más que
dos”, y el interés del autor porque hechos de esa índole no sucedan,
las erratas de vez en vez pasan inadvertidas.
Cuando eso ocurre –no pocas veces se antojan ocurrentes y graciosas
como el caso de la crónica social a la hija del dueño del diario-,
la pifia de hecho deviene castigo moral para quien incurrió en ella,
mucho más fuerte que cualquier medida disciplinaria, de la cual
tampoco escapa, ya que el profesional se pregunta una y otra vez sin
hallar respuesta ¿Cómo pudo ocurrirme eso a mí?
La falta de confirmación de datos, nombres, cifras y direcciones,
aparece entre las principales causas de los errores que se cometen
actualmente en nuestra prensa, tal vez motivados por la rapidez con
que se pretende concluir el trabajo para su entrega y pronta
publicación.
Otros errores frecuentes ocurren por el exceso de confianza en la
memoria, lo que conlleva que a veces no realicemos ciertos apuntes
necesarios, para después comprobar con tristeza que fuimos
“traicionados” por la que consideramos la computadora más fiel y
exacta.
De ahí, la importancia de que cada trabajo que se haga sea revisado,
minuciosamente, una y otra vez no sólo por el reportero sino también
por otros colegas y jefes, responsabilizados con la salida al aire
del material noticioso.
Un viejo cuento señala las diferencias que existen en materia de
errores entre un juez, un médico y un periodista: El letrado
encierra sus errores o los deja en libertad, según el caso; el
médico los entierra, mientras que nosotros los periodistas somos tan
torpes que, sencillamente, los divulgamos para que todo el mundo lo
conozca.
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