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Guillermo Cabrera Álvarez |
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HISTORIA DEL PERIODISMO----
El periodista Guillermo Cabrera
Álvarez falleció el domingo primero de julio de 2007, mientras participaba
en un encuentro con sus lectores en Villa Clara. Su destacada
carrera, de más de 45 años, fue recordada por familiares y amigos
que se reunieron en la funeraria de Calzada y K, en el Vedado
capitalino, para rendirle tributo. Allí los sorprendió este
reportero, cuando cumplía la misión de reportar la triste nueva para
el público cubano.
Dos minutos con veinte
segundos son poco espacio para decir todo cuanto Guillermo
representaba para las personas que se dieron cita en su último
momento. Pocas veces hemos visto tantas personas compungidas,
halagando la memoria de alguien que creíamos conocer, y ahora se nos
revelaba en facetas para nosotros desconocidas. El abundante y
valioso material, lo transcribimos a continuación.
“La frase
que más rápidamente viene a mi mente cuando pienso en Guillermo es
‘amigo entrañable’. Eso era él - habla el periodista, quien
estaba junto a él en el último momento Darío Machado. Voy a
extrañarlo intensamente, pero sé que vivió como quiso, y es más,
murió como quería, activo, trabajando, rodeado de los suyos. Esos
últimos momentos en Guaracabuya, él sintió el afecto de muchos
amigos.
“No creo
que allí estuviera recibiendo elogiado, sino ‘siendo’ querido
(Tampoco me lo imagino a él buscando elogios, acota el periodista).
“No le estaban diciendo: Tú eres un excelente periodista, que lo
era; tú eres un maestro de la palabra, que lo era… le decían: eres
mi hermano, eres mi amigo, pienso en ti como un hijo…
“Eso nos
deja él, un símbolo de amistad entrañable, el ejemplo de un hombre
capaz de los principios, con total rechazo del formalismo.
“Recuerdo
cómo me decía: ‘hoy voy a reunirme con mis insubordinados’. Se
refería a sus colaboradores en el instituto. Él los integraba y
articulaba con mucho amor, con gran dedicación, y los sumaba a cada
idea, pero a la vez, quería de cada uno de ellos que tuvieran
iniciativa, que desarrollaran proyectos por si mismos.
“Me
parece, es más, estoy seguro de que nunca lo vamos a olvidar”.
Guillermo acababa de proponer que como los “Tecleros” no tenían
capital,
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El profe siempre atento |
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Guaracabuya fuera la capital de los tecleros. La fuerza de
su humor, como manifestación de su talento, nos movió a entrevistar
a un humorista.
“Hay dos
anécdotas para mí fundamentales, que dan la idea del acercamiento
que tuvimos él y yo -refiere Tomy, el conocido caricaturista.
“Recuerdo
cuando me pidió realizara un mural con la imagen de Martí. Me dio
una pared entera. Es un mural donde aparece un Martí actualizado, en
una habitación… hay una bicicleta. Y solamente con su apoyo,
teniendo de mi parte el ímpetu de él, esa energía que transmitía
todo el tiempo, se pudo realizar. Fue una labor muy fuerte, pero él
me estimuló mucho a trabajar, gracias a él la tenemos ahora allí.
“La otra
fue la experiencia que vivimos en Bolivia, cuando impartimos allá el
diplomado de periodismo, y por idea suya visitamos La Higuera; él ya
con una operación del corazón, sintiéndose un poco mal incluso. Y
bajo a la Quebrada. Nos entusiasmó con la idea de visitar ese lugar
sagrado, y lo logramos. Fue una experiencia tremenda la que vivimos
juntos, y jamás olvidaré” -asegura el caricaturista.
“Estando
nosotros en Bolivia, desarrollando un curso del Instituto
Internacional de Periodismo con colegas de allá; al final del curso
Guillermo determinó, con el apoyo de todos, que dedicaríamos los
últimos días a visitar La Higuera -amplía esta historia Herminia
Rodríguez, periodista y profesora de la institución.
“El viaje
fue increíble, porque se conjugaron muchos obstáculos, desde
problemas de transporte hasta climatológicos.
“Estábamos ya en Valle Grande, amaneciendo; íbamos subiendo aquella
montaña… y comenzó a llover… era un aguacero descomunal. Y resulta
que la guagua comenzó a patinar, al punto de quedar ladeada en el
camino, un camino que estaba al punto del precipicio.
“Guillermo dijo: nos bajamos y enderezamos la guagua. Fue difícil,
desde luego, con todo aquel lodo, pero continuamos el camino.
“Al poco
rato, volvió a pasar lo mismo, y el chofer se asustó mucho.
Guillermo lo convenció con una tranquilidad, como si se tratara de
un problema menor… es que para él lo era, respecto al asunto que nos
llevaba. Enderezamos la guagua y seguimos. Poco tiempo después,
escampó.
“Luego
llegamos a Pucará, un pueblecito perdido, casi olvidado, donde
seguramente no se llevaba a cabo obra alguna en largo tiempo… Pues
justo en aquel momento estaban instalando el acueducto.
“Tenían
una gran zanja que interrumpía el paso. Nos quedamos así… Pero él
nos convenció para cruzar por sobre unos tablones, y seguir.
Faltaban varios kilómetros.
“Del otro
lado había una pequeña camioneta que también se había quedado
varada, como nosotros, y seguimos en ella, todo apretujados, hasta
La Higuera.
“El fin
simbólico que andábamos buscando se consiguió. Era… no encontrarnos
con el Ché, porque él estaba con nosotros, todo el tiempo, en
nuestro pensamiento, en nuestras acciones, al tomar el camino…
Pienso que era llegar hasta aquel justo lugar donde lo habían
asesinado. Incluso bajamos a la Quebrada del Yuro, y conversamos con
personas que estaban por aquellos días en que nuestro guerrillero
pasara por allí.
“Y yo creo que en gran
medida lo conseguimos por la tozudez iluminada, o quizás por la
decisión de Guillermo, a quien ningún obstáculo pudo atravesársele,
y nos arrastró. Fue una lección” -concluye Herminia.
Era
un hombre de principios muy sólidos.
…“Si
-responde ella-, Guillermo ha sido y será de hecho de esas personas
imprescindibles, a la hora de vernos nosotros mismos, en nuestras
acciones. Los hechos hablan por ellos, más que cualquier valoración
que nos corresponda hacer.
“Recuerdo
una vez que estaba yo en su oficina, y entra un técnico que venía a
arreglar la conexión a Internet del Instituto, que por alguna razón
había fallado. El individuo venía a explicarle que el arreglo
demoraba, pero de alguna manera iba a dejar conectada la máquina de
la oficina del director… y su reacción fue inmediata. Le dijo al
individuo que si él tenía Internet era porque el Instituto la
necesitaba, sus aulas, sus laboratorios, sus demás dependencias
docentes y técnicas. Y le dio orden de que solo cuando consiguiera
técnicamente sacar al Instituto del apuro, fuera que conectara la de
la dirección. La última, la suya.
“De
alguna manera, esta anécdota me ha servido desde entonces para
representarme una imagen del hombre que conocí, que fue mi jefe, la
manera en que se concebía a sí mismo, cómo concebía su función al
frente de la institución y en general en la sociedad, y en ejercicio
del periodismo” -concluyó.
“Sus
lectores no lo recordaremos solo como el hábil periodista, como el
genial creador -habla Nevalis Quintana, miembro de un club de
lectores de La Tecla Ocurrente.
Sus
tecleros lo recordaremos como el ser humano maravilloso que nos
permitió conocer, cuando nos abrió las puertas de su vida y de su
corazón; la persona que supo tocar cada rincón de nuestro ser.
“Para
cada lector La Tecla Ocurrente fue efectivamente, un regalo de
jueves. El movimiento popular que surgió a partir de su columna en
Juventud Rebelde, el encuentro que celebrábamos los segundos sábados
de cada mes, y que en cada rincón del país celebraba a su vez un
poco de Guillermo (que era para nosotros, en sí mismo y a la vez, un
poco de saber y de sensibilidad), eso no lo vamos a olvidar. Ha
significado mucho para nosotros.
“Yo no lo
recordaría con lágrimas, sino con esa bella sonrisa que lo
caracterizó, los planes que siempre realizábamos, esas pequeñas
ocurrencias de niño travieso que tuvo.
“Si algo
capté, como lector suyo, en las oportunidades que nos permitió
contactar con él entre nosotros, fue que podemos definir a Guillermo
por su fidelidad a la Revolución, por ese espíritu indoblegable. Lo
demostró cuando subimos al Pico Turquino, en la expedición
guerrillera que organizó con nosotros, para celebrar el cumpleaños
de Fidel. Hemos sacado una gran experiencia de este hombre”.
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