La Tecla. Sitio de los periodistas cubanos para el debate y reflexión sobre temas teóricos-profesionales
Cuba,
GUILLERMO
 
La tecla del sentimiento
 
Autor: Juan Antonio Alfonso Roque
Medio: Televisión Cubana. La Habana. Cuba. www.ntv.icrt.cu
email: jalfonso2004@yahoo.com
 
     
     
   

Guillermo Cabrera Álvarez

   
     

 HISTORIA DEL PERIODISMO---- El periodista Guillermo Cabrera Álvarez falleció el domingo primero de julio de 2007, mientras participaba en un encuentro con sus lectores en Villa Clara. Su destacada carrera, de más de 45 años, fue recordada por familiares y amigos que se reunieron en la funeraria de Calzada y K, en el Vedado capitalino, para rendirle tributo. Allí los sorprendió este reportero, cuando cumplía la misión de reportar la triste nueva para el público cubano.

   Dos minutos con veinte segundos son poco espacio para decir todo cuanto Guillermo representaba para las personas que se dieron cita en su último momento. Pocas veces hemos visto tantas personas compungidas, halagando la memoria de alguien que creíamos conocer, y ahora se nos revelaba en facetas para nosotros desconocidas. El abundante y valioso material, lo transcribimos a continuación.

   “La frase que más rápidamente viene a mi mente cuando pienso en Guillermo es ‘amigo entrañable’. Eso era él - habla el periodista, quien estaba junto a él en el último momento Darío Machado. Voy a extrañarlo intensamente, pero sé que vivió como quiso, y es más, murió como quería, activo, trabajando, rodeado de los suyos. Esos últimos momentos en Guaracabuya, él sintió el afecto de muchos amigos.

   “No creo que allí estuviera recibiendo elogiado, sino ‘siendo’ querido (Tampoco me lo imagino a él buscando elogios, acota el periodista). “No le estaban diciendo: Tú eres un excelente periodista, que lo era; tú eres un maestro de la palabra, que lo era… le decían: eres mi hermano, eres mi amigo, pienso en ti como un hijo…

   “Eso nos deja él, un símbolo de amistad entrañable, el ejemplo de un hombre capaz de los principios, con total rechazo del formalismo.

   “Recuerdo cómo me decía: ‘hoy voy a reunirme con mis insubordinados’. Se refería a sus colaboradores en el instituto. Él los integraba y articulaba con mucho amor, con gran dedicación, y los sumaba a cada idea, pero a la vez, quería de cada uno de ellos que tuvieran iniciativa, que desarrollaran proyectos por si mismos.

   “Me parece, es más, estoy seguro de que nunca lo vamos a olvidar”.

   Guillermo acababa de proponer que como los “Tecleros” no tenían capital,

 

Guillermo Cabrera Álvarez

 

 

El profe siempre atento

 

Guaracabuya fuera la capital de los tecleros. La fuerza de su humor, como manifestación de su talento, nos movió a entrevistar a un humorista.

   “Hay dos anécdotas para mí fundamentales, que dan la idea del acercamiento que tuvimos él y yo -refiere Tomy, el conocido caricaturista.

   “Recuerdo cuando me pidió realizara un mural con la imagen de Martí. Me dio una pared entera. Es un mural donde aparece un Martí actualizado, en una habitación… hay una bicicleta. Y solamente con su apoyo, teniendo de mi parte el ímpetu de él, esa energía que transmitía todo el tiempo, se pudo realizar. Fue una labor muy fuerte, pero él me estimuló mucho a trabajar, gracias a él la tenemos ahora allí.

   “La otra fue la experiencia que vivimos en Bolivia, cuando impartimos allá el diplomado de periodismo, y por idea suya visitamos La Higuera; él ya con una operación del corazón, sintiéndose un poco mal incluso. Y bajo a la Quebrada. Nos entusiasmó con la idea de visitar ese lugar sagrado, y lo logramos. Fue una experiencia tremenda la que vivimos juntos, y jamás olvidaré” -asegura el caricaturista.

   “Estando nosotros en Bolivia, desarrollando un curso del Instituto Internacional de Periodismo con colegas de allá; al final del curso Guillermo determinó, con el apoyo de todos, que dedicaríamos los últimos días a visitar La Higuera -amplía esta historia Herminia Rodríguez, periodista y profesora de la institución.

   “El viaje fue increíble, porque se conjugaron muchos obstáculos, desde problemas de transporte hasta climatológicos.

   “Estábamos ya en Valle Grande, amaneciendo; íbamos subiendo aquella montaña… y comenzó a llover… era un aguacero descomunal. Y resulta que la guagua comenzó a patinar, al punto de quedar ladeada en el camino, un camino que estaba al punto del precipicio.

   “Guillermo dijo: nos bajamos y enderezamos la guagua. Fue difícil, desde luego, con todo aquel lodo, pero continuamos el camino.

   “Al poco rato, volvió a pasar lo mismo, y el chofer se asustó mucho. Guillermo lo convenció con una tranquilidad, como si se tratara de un problema menor… es que para él lo era, respecto al asunto que nos llevaba. Enderezamos la guagua y seguimos. Poco tiempo después, escampó.

   “Luego llegamos a Pucará, un pueblecito perdido, casi olvidado, donde seguramente no se llevaba a cabo obra alguna en largo tiempo… Pues justo en aquel momento estaban instalando el acueducto.

   “Tenían una gran zanja que interrumpía el paso. Nos quedamos así… Pero él nos convenció para cruzar por sobre unos tablones, y seguir. Faltaban varios kilómetros.

   “Del otro lado había una pequeña camioneta que también se había quedado varada, como nosotros, y seguimos en ella, todo apretujados, hasta La Higuera.

   “El fin simbólico que andábamos buscando se consiguió. Era… no encontrarnos con el Ché, porque él estaba con nosotros, todo el tiempo, en nuestro pensamiento, en nuestras acciones, al tomar el camino… Pienso que era llegar hasta aquel justo lugar donde lo habían asesinado. Incluso bajamos a la Quebrada del Yuro, y conversamos con personas que estaban por aquellos días en que nuestro guerrillero pasara por allí.

   “Y yo creo que en gran medida lo conseguimos por la tozudez iluminada, o quizás por la decisión de Guillermo, a quien ningún obstáculo pudo atravesársele, y nos arrastró. Fue una lección” -concluye Herminia.

   Era un hombre de principios muy sólidos.

…“Si -responde ella-, Guillermo ha sido y será de hecho de esas personas imprescindibles, a la hora de vernos nosotros mismos, en nuestras acciones. Los hechos hablan por ellos, más que cualquier valoración que nos corresponda hacer.

   “Recuerdo una vez que estaba yo en su oficina, y entra un técnico que venía a arreglar la conexión a Internet del Instituto, que por alguna razón había fallado. El individuo venía a explicarle que el arreglo demoraba, pero de alguna manera iba a dejar conectada la máquina de la oficina del director… y su reacción fue inmediata. Le dijo al individuo que si él tenía Internet era porque el Instituto la necesitaba, sus aulas, sus laboratorios, sus demás dependencias docentes y técnicas. Y le dio orden de que solo cuando consiguiera técnicamente sacar al Instituto del apuro, fuera que conectara la de la dirección. La última, la suya.

   “De alguna manera, esta anécdota me ha servido desde entonces para representarme una imagen del hombre que conocí, que fue mi jefe, la manera en que se concebía a sí mismo, cómo concebía su función al frente de la institución y en general en la sociedad, y en ejercicio del periodismo” -concluyó.

   “Sus lectores no lo recordaremos solo como el hábil periodista, como el genial creador -habla Nevalis Quintana, miembro de un club de lectores de La Tecla Ocurrente.

   Sus tecleros lo recordaremos como el ser humano maravilloso que nos permitió conocer, cuando nos abrió las puertas de su vida y de su corazón; la persona que supo tocar cada rincón de nuestro ser.

   “Para cada lector La Tecla Ocurrente fue efectivamente, un regalo de jueves. El movimiento popular que surgió a partir de su columna en Juventud Rebelde, el encuentro que celebrábamos los segundos sábados de cada mes, y que en cada rincón del país celebraba a su vez un poco de Guillermo (que era para nosotros, en sí mismo y a la vez, un poco de saber y de sensibilidad), eso no lo vamos a olvidar. Ha significado mucho para nosotros.

   “Yo no lo recordaría con lágrimas, sino con esa bella sonrisa que lo caracterizó, los planes que siempre realizábamos, esas pequeñas ocurrencias de niño travieso que tuvo.

   “Si algo capté, como lector suyo, en las oportunidades que nos permitió contactar con él entre nosotros, fue que podemos definir a Guillermo por su fidelidad a la Revolución, por ese espíritu indoblegable. Lo demostró cuando subimos al Pico Turquino, en la expedición guerrillera que organizó con nosotros, para celebrar el cumpleaños de Fidel. Hemos sacado una gran experiencia de este hombre”.

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