| La información como problema y el problema de la información |
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| Autor: Radamé Linares Columbié |
| Medio: Dr. en Ciencias de la Información
y Profesor Adjunto de la Facultad de Comunicación de la
Universidad de La Habana |
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GÉNERO INFORMACIÓN----
Una
acuciosa discusión en torno a las diversas definiciones del concepto
de información y los diferentes sentidos con que este término se
emplea comúnmente, no está precisamente entre los objetivos de estos
apuntes.
El
concepto información ha sido abordado desde las perspectivas de
muchas disciplinas. No exagero, al afirmar que es esta una noción
evasiva y controvertida. De hecho, circulan alrededor de 400
acepciones del término. Su entrada en el escenario intelectual, se
remonta al siglo XIII, sin embargo, su uso generalizado se da
solamente a partir de los años 50 del siglo XX.
La información es un concepto
que atraviesa heterogéneas esferas de la realidad, por ello, una
dimensión a tener en cuenta es la que se asocia con la naturaleza
omnipresente de la información, en un plano estrictamente
filosófico.
Existen diversas posturas
teóricas al respecto. En unas se postula asentar la objetividad de
la información, otras se adhieren a la notabilidad del sujeto en la
existencia o no de la información, e, incluso, se hallan las que se
distancian de la dicotomía sujeto-objeto, orientándose hacia lo
social y cultural. ( Capurro, 2003)
Pese a
la indiscutible pluralidad de criterios acerca de la noción de
información, una tendencia de cierta significación apuntaba hacia la
comprensión de la información como un fenómeno “objetivo y
científico”, esta posición entronca con el marco positivista y
funcionalista del que pende buena parte de la producción de
conocimientos de los primeros 60 años del siglo XX.
Las
elaboraciones conceptuales de la noción información derivadas de la
Teoría Matemática de la Comunicación, son las más significativas en
los primeros años. La Teoría Matemática de la Comunicación
(...) dio lugar a la única propuesta formalizada, matemática e
implementada del concepto de información. (Fernández-Molina
1994, 2)
Su
influencia teórica no se reduce a los problemas conceptuales de la
información, sino que se extiende a otras dimensiones de este y
otros campos de conocimiento.
En
esencia, Shannon y Weaver despliegan en 1948 un modelo lineal de
comunicación, el cual ha sido uno de los más divulgado — sino el
más, aunque no el único dentro de los distintos modelos que ha
producido la Teoría de la Comunicación. El modelo de Shannon y
Weaver conciben un proceso de transporte de la información de un
punto A (emisor) para un punto B (receptor). Justifican que la
información, una vez codificada en señales por un emisor, es
transmitida a través de un canal para ser decodificada por un
receptor y de este modo, el proceso comunicacional se reduce a un
asunto de vialidad, en el cual los mensajes se tratan como señales
que deben ser codificadas y decodificadas y en donde la información
se entiende como la libertad de escoger, de seleccionar un mensaje.
La
Teoría Matemática de la Comunicación se revela como significativa,
no solo por exponer la inserción de la información en los sistemas
comunicativos, sino por introducir la independencia de la
información de sus soportes físicos, pese a no definirla
concretamente.
Las
características de esta propuesta, nacida del universo de las
telecomunicaciones, la convierten en modelo de objetividad y
cientificidad en estos años.
A la sazón, se desarrollan nociones de información como las que
afirman que:
-
la información se refiere a hechos o eventos independientes,
-
la información es una señal carente de contenido semántico,
-
la información puede entenderse como cosa o propiedad inherente
de los objetos. (Buckland 1991)
En
todos los casos, estas propuestas defienden a la información dentro
de lo objetivo y mensurable. Es oportuno precisar que la teoría de
la información propuesta por Shannon no alude, ni contempla el
significado de esta; su preocupación estaba dirigida a la solución
de otros problemas, el contenido de lo transmitido no fue
contemplado.
Sin dudas, esta
aproximación a la problemática de la información desató un amplio
debate internacional, del cual se derivaron mayores precisiones
acerca de esta polisémica noción. Una de ellas, exploró las
posibilidades de un análisis filosófico de este concepto, unas veces
como “propiedad de la materia” y otras, como “consciencia posible”.
Los años 70 del
siglo XX, inician una especie de viraje en los enfoques y
percepciones del fenómeno de la información. Las proposiciones que
comienzan a circular se distancian de las pretensiones “objetivas y
científicas”, de otros momentos, y se ensayan lecturas desde otros
ángulos.
En la construcción de este
concepto, en esta nueva etapa, intervienen factores del mundo
interior del sujeto y se subraya la importancia de cómo los
individuos procesan la información que reciben en su interacción con
el mundo. Desde esta premisa se estructuran criterios como:
-
“eso” que altera o
modifica el conocimiento, es la información.
-
el problema fundamental
es la información deseada y su efecto sobre el usuario.
- se
establece una clara distinción y relación entre datos, información y
conocimiento. Los datos son información potencial, que solo si se
perciben por el receptor se convierten en información. Esta se
transforma en conocimientos en el momento en que produce una
modificación de la estructura de conocimientos anteriores de un
receptor. Sin el receptor, los sistemas de información solo son
sistemas de datos o sistemas de información potencial. Únicamente al
ser percibidas por el receptor se convierte en información.
En resumen, se coloca al sujeto
del otro lado de la barrera, como factor determinante en la
definición del concepto información.
A esta perspectiva, desde los
años 80 del siglo XX, se le cuestiona su marcada exclusión de los
entornos sociales y culturales en que participa el individuo, por lo
que declara incorporar en la investigación del fenómeno
informacional una perspectiva social, cultural e histórica más
amplia.
Estas consideraciones, en torno
a cierta dimensión de la problemática de la noción de información,
están sustentadas, desde la perspectiva de un determinado campo de
conocimiento: la Ciencia de la Información; no se excluye, que serán
otras las lecturas que podrán hacerse de este concepto, desde otros
espacios de conocimientos.
Se apunta, en otro momento, que
la información como noción comenzó a ser visualizada en el terreno
intelectual, solo a partir de los años 50 del siglo pasado. Esa
afirmación no pretende negar la milenaria existencia de este
fenómeno. Por ello, es prudente anotar que: el largo proceso
histórico que dio origen al hombre, se caracteriza por un elemento
distintivo: las relaciones sociales, él, no solo es producto de
estas, sino que es también constructor de las mismas. En ese
contexto son significativos los vínculos o nexos que establece con
la comunicación y su ingrediente esencial: la información.
Una de las señales indicativas
de la socialización del propio hombre, lo fueron las formas de
comunicación que este fue desarrollando, estas les fueron necesarias
para su propia existencia. Las maneras de comunicar en los momentos
iniciales transitaron: desde un periodo gestual hasta la aparición
de las primeras formas comunicativas de lo que denominamos
lenguaje.
La oralidad o comunicación oral
es esa variante comunicativa que se sustenta en el lenguaje,
posibilidad esencialmente humana, que es producto de complejas
circunstancias biológicas y sociales. De ahí que, intercambiar,
transmitir y recibir información en estos momentos iniciales de la
historia humana se potencia al haberse alcanzado el dominio de esta
forma de comunicar.
Todo este acontecer se inscribe
en los marcos de la comunidad primitiva o prehistoria, donde el
propio desarrollo de las circunstancias materiales y espirituales
del hombre hicieron factible esta manera de comunicar la
información, tan necesaria para la existencia humana.
La información comunicada
oralmente, pese a su superioridad respecto a otros modos, como la
gestualidad, etc., tenia indiscutibles restricciones. Una de las más
significativas era su preservación y difusión a través del tiempo y
el espacio. Es esta carencia asociada a determinada coyuntura
económica y cultural, la que impulsa la aparición de otras formas
comunicativas, capaces de solucionar las dificultades que distinguen
a la oralidad.
Los orígenes de la escritura se
remontan a mas de 4000 años. Mesopotamia fue su indiscutible cuna y
en los diversos reinos de una u otra parte de este espacio
territorial, se fueron desarrollando las incipientes formas de
escritura Esta nueva modificación comunicativa, la escritura, por
sus características, introduce un elemento nuevo: los soportes, en
que debe asentarse la información o los datos que se desean
conservar o transmitir. Con esta transformación, se transita de una
cultura básicamente acústica, sustentada en la oralidad, a una
cultura escritural, que no implicó la desaparición de la primera,
sino una autentica y necesaria coexistencia.
Este proceso tuvo particulares
maneras de manifestarse en los diversos territorios que fueron
ideando sistemas de escritura de un tipo u otro, durante esa larga
etapa histórica, conocida como Antigüedad. En Mesopotamia la
practica de la escritura se redujo a las actividades contables y
administrativas, necesarias a los reinos o imperios dominantes, y
limitadamente en otras esferas.
La aparición y desarrollo de
diversas formas de escritura durante la Antigüedad, introdujo un
fenómeno, de gran actualidad en nuestro tiempo; el acceso a la
información. La oralidad como forma comunicativa se caracterizó por
su inevitable extensión en todo el tejido social, durante la
prehistoria y mas allá de ella, no fue esta una variante
comunicativa exclusiva, o solo dominada por algunos, sino todo lo
contrario. Con la escritura, sucede lo inverso, su dominio y
utilización fue durante siglos, de uso exclusivo de unos pocos; esta
peculiaridad signó a esta modalidad comunicacional durante varias
etapas de la historia, y solo durante la llamada modernidad europea,
se extendió hacia sectores mas amplios el manejo de este
instrumento.
Las contingencias del llamado
acceso a la información, arranca con la creación de la escritura, no
era posible acceder a la información comunicada en forma escritural,
sino se dominaba ese instrumento, ya sea emitiendo o recepcionando
información. Con este acontecimiento, se produce el nacimiento de
una especie de asimetría informacional, cuyas raíces hay que
buscarla en la desigual distribución de la riqueza material, en el
mundo que nace con la Antigüedad y continua en todas las sociedades
donde prima la exclusión social, que es también informacional.
El decursar de la información a
través del tiempo, tiene otros momentos de elevada significación; el
siglo XV señala uno de esos instantes, con la introducción de la
imprenta; con esta invención tecnológica se “transformaron los
modos de reproducción de los textos y de la producción del libro.
Con los caracteres móviles y la prensa para imprimir, la copia
manuscrita dejó de ser el único recurso disponible para asegurar la
multiplicación y la circulación de textos”.
Con la imprenta, emerge una
mediación, que acompañara desde este instante los procesos
inherentes a las practicas informacionales; la tecnológica. Este
medio contribuye a la ampliación del acceso a la información
circulante, pero, ella por si misma, no podía ser capaz de impulsar
el dominio de esta herramienta comunicacional por parte de amplios
sectores. Solo una serie de transformaciones económicas y políticas
acaecidas en la Europa de los siglos XVIII y XIX, serán las
impulsoras de cambios sustantivos, que resultaran facilitadores del
acceso a la educación, por parte de múltiples segmentos de la
sociedad europea de esos años.
El proceso de transmisión,
circulación y utilización de información, desde la aparición de la
imprenta en Europa en el siglo XV hasta nuestros días, va a estar
significativamente afectado por tecnologías de diversos tipos; donde
la segunda mitad del siglo XX y años posteriores serian momentos
paradigmáticos.
El vocablo “tecnología”
requiere una mínima precisión; se debe entender como tal “al
conjunto de aparatos e instrumentos creados por los seres humanos y
la base cognoscitiva que se requiere para crearlos y hacerlos
funcionar”. Esta proposición extiende el significado de este
termino a todas aquellas circunstancias sociales y culturales, donde
el hombre ha creado dispositivos para sustituir su fuerza física o
para transferirle parte de sus funciones intelectuales.
La aparición y desarrollo de
ese conjunto que denominamos tecnologías de información y
comunicación, es una de las alteraciones más impactantes que ha
sufrido el fenómeno informacional; donde se agrupan manifestaciones
que han alterado los soportes, almacenamiento, recuperación,
transmisión y difusión de información. Con otras palabras, nuestro
tiempo vive en un escenario informacional, donde la mediación
tecnológica es insoslayable, si se intenta aludir a la
información.
Una
buena muestra es que,
las
invenciones hasta los años 90 y la convergencia de la
microelectrónica y las telecomunicaciones afectan a la esfera
informacional con drásticas transformaciones en la relación temporal
y espacial entre los usuarios y la información. Las redes
telemáticas permiten el acceso en tiempo real a la información
deseada (interactividad) y se construye una nueva lectura sobre el
acceso y la distribución de información. La posibilidad que tiene el
usuario de moverse a voluntad de un espacio de información a otro (interconectividad),
lo transforma en mediador de la elección de información. El tiempo
de la comunicación entre usuario e información disminuye
notablemente, se hace instantáneo, y el espacio deja de atenerse a
limites geográficos. (Barreto 1997).
Pese a
estos indiscutibles logros, sigue pendiente un viejo problema: el
acceso a la información, cuya solución no parece que se encuentre
en la esfera de las innovaciones tecnológicas.
BIBLIOGRAFIA
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condicao da Informacao. Revista Sao Paulo em Perspectiva
16(3): 67-74, 2002.
2.
_____________. As
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3.
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Buckland, M. K. .
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Capurro, R and B
Hjorland. The concept of information. Annual review of
Information Science & techonology 37(8): 343-411, 2003
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Linares C, R La
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