| Signos para un cambio en la radio |
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| Autor: Carlos Rafael Diéguez Batista |
| Medio: Radio Vitral, Sancti Spíritus.
Cuba. |
| email:
carlosdi@enet.cu |
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PERIODISMO RADIAL----
Los
filósofos de la antigüedad se preocuparon por el lenguaje y los
signos, este punto de vista inicial nunca dejó de ampliarse y
diversificarse, el propio Aristóteles dividió el drama en seis
partes: alma, personaje, pensamiento, dicción, música y espectáculo.
Hoy día los que
hacemos radio debemos ocuparnos de la semiótica en dos campos
básicos de la comunicación, sin olvidar el pensamiento de nuestros
ancestros. El primero en una dimensión externa, me refiero hasta
donde llega el sonido, donde se percibe esa señal que se esparce,
no para el consumo social, sino individual.
El segundo plano
es más difícil, tiene que ver con el yo interno del realizador. Los
que producimos contenidos para este versátil medio debemos
someternos a constantes autoanalisis ya que existe la tendencia a
imponer nuestros gustos y hacer espacios con puntos de vistas
personales.
El yo interno
debe alimentarse como un disco duro de una PC con aires
renovadores, y que sea una síntesis de los gustos de la mayoría.
¿Cuál es el
fenómeno que plantea la radio? ¿Emitir, recibir o facilitar el
mensaje que nace en la comunidad? ¿Quién ofrece las declaraciones en
una entrevista? ¿Es el primer emisor? ¿Es por tanto la radio una
recolectora de mensajes? ¿Son tan parecidos sus programas o son los
oyente los que se parecen?.
Los signos y los
códigos que permiten una acertada comunicación de la radio con su
mercado de audiencia pululan en la psiquis de la gente común. Las
funciones del signo no son solo patrimonio de los medios gráficos y
visuales. El hombre y la mujer que hacen radio hoy deben hurgar en
los sonido de los campos y ciudades emitidos por los protagonistas
naturales y artificiales, con el objetivo de apropiarse de los
modelos y patrones semióticos que sirvan de referencia para la
comunicación.
Esas muestras
sonoras deben archivarse y actualizarse periódicamente por que
acompañan la existencia del medio radial desde su surgimiento a
principios del siglo XX.
La radio a
diferencia del cine, nació con lenguaje articulado desde el
principio; la radiodifusión canta y hace bailar a generaciones de
escuchas que la asumen como un medio acompañante. Múltiples
funciones la caracterizan.
Sin la existencia
de un lenguaje, de un código o conjunto de normas y reglas que den
sentido a ese lenguaje, difícilmente podríamos hablar de
comunicación, de la misma manera que tampoco sería posible
entablarla si no se dispone de un canal que la haga viable, si no se
da una situación que la propicie -por mucho que deseemos conversar
con alguien, raramente lo podremos hacer si no tenemos
interlocutor-, o si no hay mensaje alguno que transmitir.
En la radio, al
igual que en los otros medios, convergen todas y cada una de las
condiciones necesarias para hacer de la comunicación una realidad,
ya que, entre otras cosas, tiene un lenguaje y códigos específicos
de los que se sirven sus profesionales para construir toda la
constelación de mensajes/sonido que llegan a nuestros oídos a través
de los aparatos receptores.
Cinco aspectos
constituyen la base de las creaciones artísticas y técnicas en la
conformación de contenidos radiofónicos mundialmente. Fade out,
fade in, cross, corte directo y los planos. Tanto el Cine como la TV
usan estas terminologías.
De hecho, si ahora
sintonizas una emisora de radio te darías cuenta, de que
constantemente se suceden y alternan voces y músicas, y en algunos
casos, otros sonidos como el cantar de los pájaros, las olas del
mar, ambiente de plena naturaleza, o el de un motor y un claxon de
un auto.
Observarías,
igualmente, que todo está perfectamente ordenado y que, por ejemplo,
una voz aparece cuando ha callado otra, que un fragmento musical que
emerge al inicio de un informativo (fade in) desaparece lentamente (fade
out) que un locutor presenta una canción mientras se escucha el
sonido, a un volumen más bajo, las primeras frases de la música, y
así un largo etcétera. Todo eso que se relacionan son signos,
códigos o convenciones que se usan lo mismo en la radio de China, La
FM Radio Taino de la Habana, que La Voz del Níquel en Moa, en el
oriente de Cuba o la Radio Nacional de Venezuela.
Los efectos sonoros desarrollan un papel fundamental para la
producción radiofónica, al igual que la voz y la música. La radio,
es un medio comunicativo que se puede calificar de “ciego”, ya que
el receptor (prefiero decir perceptor) no recibe ninguna imagen, ni
ninguna información visual. La radio, sólo cuenta con los recursos
sonoros, como la voz, la música y los efectos sonoros. Todos ellos,
en su conjunto, deben lograr que el oyente visualice en su mente el
mensaje que se le quiere transmitir, además de percibir cada uno de
los matices de la situación. Los efectos sonoros, por tanto,
persiguen el objetivo de describir paisajes sonoros.
El efecto se puede obtener de forma natural o artificial, es decir,
existe la opción de escoger sonidos directamente del medio real,
mediante la grabación de los sonidos, por ejemplo, de los pájaros,
del ruido del tráfico, etcétera.
O bien, a través de la creación del hombre, ayudándose a veces, con
equipos técnicos. Por ejemplo, podemos reproducir el sonido del
fuego, sencillamente arrugando un papel de celofán. (Proceder tan
viejo como la radio) El efecto es reconocido por el perceptor en la
medida que está asociado a una realidad, a un objeto, a un fenómeno
meteorológico, etcétera. Cada barrio tiene su sonido y hay objetos
que jamás se le conoce efecto ¿alguien sabe como suena la luna? Sin
embargo si UD escucha el aullido de un lobo con efectos de grillos
en la noche, inmediatamente piensa en la luna llena. Este es el
código preestablecido a través de generaciones.
Por otro lado, los efectos sonoros se corresponden con una serie de
funciones según su intencionalidad. Se distinguen las siguientes
funciones: descriptiva-ambiental, descriptiva-expresiva y narrativa.
La primera, contribuye a la compresión de la situación, ayuda por
tanto, a percibir el entorno donde se desarrolla el mensaje. Por
ejemplo, si hablamos del campo, el trinar de los pájaros, del
sinsonte nos aporta un matiz más que nos sitúa en ese ambiente en
que se contextualiza el contenido.
La función descriptiva-expresiva, enfatiza el lenguaje radiofónico,
es decir dota de mayor expresividad el mensaje acentuando su valor,
pero no constituye un matiz imprescindible para la comprensión de
éste. Por ejemplo, en el contexto de una situación tensa o de
discusión, se puede apoyar esta sensación con el sonido de un
trueno.
La tercera función, la narrativa, se corresponde a aquellos efectos
sonoros que por sí solos se identifican con una situación sin lugar
a equívoco y, sin necesidad de otro componente adicional. Por
ejemplo, el ruido que produce un motor de coche al encenderse, sólo
nos invita a pensar en esa acción.
El efecto fade-out, es frecuentemente utilizado en el medio de la
radio, consiste en la desaparición progresiva del sonido. Por
ejemplo, el cesar paulatino de la lluvia, hace entender al oyente
que la lluvia ha terminado.
Los componentes
del lenguaje radiofónico, o, dicho de otro modo, las materias primas
con las que trabaja la radio son cuatro: la voz (o el lenguaje de
los humanos), la música (o el lenguaje de las sensaciones), los
efectos sonoros (o el lenguaje de las cosas) y el silencio. Como es
lógico, el uso que se hace de estas materias varía en función del
tipo de programa y, así, mientras que en un informativo predominan
las voces de aquellos reporteros y locutores que relatan las
noticias, en una discoteca o en una revista musical es precisamente
la música la que tiene un papel protagonista.
El principal denominador común de los componentes del lenguaje
radiofónico es, ante todo, su ilimitada riqueza expresiva y su gran
poder de sugestión. Utilizando sólo la voz, o sólo la música, o la
voz y la música, o la voz y el silencio, o todas las materias primas
a la vez, podemos lograr que el oyente se alegre o se ponga triste,
que visualice en su mente un paisaje, que recree un movimiento, que
sienta miedo, que se entretenga o que se aburra... Porque, en el
universo radiofónico, todo es posible.
EL profesor
Armand Balsebre, catedrático de Comunicación Audiovisual y
Publicidad en la Universidad Autónoma de Barcelona, aporta muchísimo
sobre estos temas en el libro que, precisamente, lleva por título El
lenguaje radiofónico: ‘‘Conjunto de formas sonoras y no-sonoras
representadas por los sistemas expresivos de la palabra, la música,
los efectos sonoros y el silencio, cuya significación viene
determinada por el conjunto de los recursos técnico-expresivos de la
reproducción sonora y el conjunto de los factores que caracterizan
el proceso de percepción sonora e imaginativo-visual de los
radioyentes’’.
El discurso
radiofónico y su lenguaje formado con sonidos, voces, entonaciones,
silencios, músicas, etc., así como las mezclas posibles se
caracterizan, a diferencia de los signos lingüísticos, en su
naturaleza analógica puesto que es más difícil determinar las
lejanías entre el signo y su significado si reparamos, por ejemplo,
en los sonidos de una ambulancia o del auricular telefónico. Estos
signos tienen un gran parecido con la realidad.
Aunque
existen referencias sonoras universales, cada país acumula las
suyas, de ahí que en las programaciones que son para audiencias
multiétnicas el producto de audio que se emite debe localizar una
media o de lo contrario, lo que puede parecer o ser un signo para
una región ya preestablecido para otra no existe.
Los
fabricantes de sonidos para la radio deben acumular una memoria
auditiva y a la vez investigar mucho, la audiencia, su mercado,
porque los gustos varían de acuerdo a sus culturas.
En la radio,
como en la pequeña pantalla televisiva no es una recreación fría y
lejana, como en los periódicos impresos, sino que, se ven y se
sienten personas de carne y hueso que cantan, hablan, se equivocan,
están ahí, dicen que están ahí y que nosotros estamos en contacto
con ellos, creyéndoles en toda la realidad que nos da el habla
directa y viva.
Creerles, en
este caso, depende simplemente de su capacidad de mostrarse de
manera emotiva y auténtica; calurosa y personal. ¿Cuánta necesidad
tienen, entonces, los formatos radiofónicos de diferenciarse y ganar
"independencia" respecto de hechos y opiniones como la prensa
escrita para ser creíbles? ¿Es posible conseguir los mismos niveles
de credibilidad que los de la prensa sin recurrir a los prototipos
periodísticos?
El oyente
prefiere la anécdota, frente a la noticia. La narración de los
hechos donde el tiempo y el poder de síntesis deben animar cada día
los nuevos signos que se impongan en la radio moderna. Ojo hay
cortos espacios que parecen horas y horas que son minutos y dejan el
oyente tan conectados que dicen al final ‘‘se acabó muy pronto’’.
La radio de
éste siglo 21 bien pudiera convertirse en más anuncios y promociones
de bien publico y menos comerciales que atiborren el éter de
etiquetas brillantes multicolores en busca de vender lo más
inverosímil. Mientras el escucha espera y no encuentra la historia
que quiere oír, no solo para informarse sino para entretenerse y
aprender, nosotros hombres y mujeres de radio debemos ser más
críticos y más hacedores de arte cada día con una amplia base
teórica que alimente una señal más acabada cuando la amenaza de
otros medios y tecnologías es evidente. Hay que sembrar ya una nueva
radio. |