| La palabra y la
radio |
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| Autor: Carlos Rafael Diéguez Batista |
| Medio: Radio Vitra, Sancti Spíritus.
Cuba. |
| email:
carlosdi@enet.cu |
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PERIODISMO RADIAL----
La voz para la ciencia de la
comunicación es un fenómeno extraordinario, por su timbre, fuerza,
tono y melodía, capaz de transmitir estados de ánimo y pensamientos.
De la voz sale la palabra y con ella la intención de decir, como
expresarse, ¿de que manera emitir los sonidos y que estos sean
perceptibles a un oído receptor?
Muchas
interrogantes podemos hacernos, pero lo cierto es, según estudios
psicológicos, que la palabra que deja escucharse a través de la voz
puede transmitir entre otros estados de ánimos, el miedo, la
ternura, el asombro, la indiferencia, la ira, la vergüenza, el
desprecio, el respeto, la ofensa y otros estados.
Por la
radio se habla las 24 horas, pero no es los mismo una persona que se
acaba de despertar a las seis de la mañana oyendo radio, que otra
que enciende el receptor a las tres de la tarde en plena faena
laboral, y muy distinto para aquel que escucha sobre su cama a
altas horas de la noche un programa. Hay profesionales del medio, de
la radio, que olvidan lamentablemente los factores de la
comunicación humana.
Estos
factores tienen que ver con las habilidades del hablante, que no
siempre es el locutor, está el periodista de la radio, el
conferencista que asiste a una entrevista, o el funcionario
administrativo.
En la
radio cuando se habla, hay que abrir bien la boca, lo que permite
articular todos los fonemas adecuadamente y tener en cuenta el tono,
es decir la altura de la voz. El timbre es otra cualidad, hay voces
que no deben salir por radio, porque son distorsionadas o muy
agudas o extremadamente graves que apenas se entienden. Al hablar
hay que entonar, quien no entona no trasmite estados de ánimos.
Con la
palabra va la imagen, y el oyente ve o NO esa imagen de acuerdo a
la intensidad como recibió el mensaje. La fuerza del lenguaje está
en la tensión emocional, en su poder de penetración en la psiquis
del perceptor.
Un
comunicador, es un experto en el uso de la palabra. Para lograr su
utilidad mas completa debe ser un acucioso lector; los conocimientos
generales deben vincularse con una preparación que pasa por los
hábitos de lectura y el poder de investigar. Cuando en una alocución
el oyente advierte inseguridad en el hablante, tartamudeo o como se
dice en el argot radial echar pá lante y echar pá tras
inmediatamente el mensaje pierde atención y se hace poco creíble.
Son funestas estas prácticas en la radio. Es vital Saber leer
perfectamente.
Saber
leer no quiere decir solo que lo haga con seguridad y sin
equivocaciones, el acto de la lectura presupone interpretación del
contenido, estar convencido que entiende lo que dice para de una ves
hacer entender a otros, en dos palabras: Para convencer hay que
estar convencido.
No debemos
olvidar que La voz es el instrumento con el que los humanos nos
expresamos habitualmente, por lo que no es de extrañar que en un
medio como el que nos ocupa, eminentemente hablado, ésta sea, como
se ha comentado en más de una ocasión, la columna vertebral
del sonido radiofónico.
Catedráticos
de la comunicación radial advierten que ninguna de las materias
primas que constituyen el lenguaje radiofónico es por sí misma
fundamental para la producción, pero reconocen así mismo que la
palabra es indispensable en la radio.
En este
sentido, aquellos creadores que prescinden de la palabra en sus
obras radiofónicas, rara vez consiguen un éxito comunicativo.
Recuerdo en un taller teórico como parte del Festival Nacional de la
Radio, en Camaguey, un reducido grupo de compañeros hablaron que
había que experimentar, y se aparecieron con un espacio que era solo
efecto y música, sin voz. El resultado fue desastroso.
Lo que
podríamos calificar como la oscuridad radiofónica, es
materialmente imposible ver la imagen del narrador que trasmite un
partido de béisbol o del locutor que está presentando a los Van Van.
Sin embargo, nada impide que, fruto de tu propia imaginación, puedas
recrear en tu mente el rostro de quien te habla, su aspecto físico o
su estado de ánimo.
Es más, en el
caso del partido de béisbol podrías visualizar, incluso, la
velocidad a la que un jugador se dirige a la segunda base con
intención de robarse esa posición. Y todo ello con sólo escuchar el
sonido de la voz.
Esto es así
porque, como consecuencia de la particular relación
emisor/perceptor que se da en la comunicación radiofónica, la
voz se dota de una especial significación, ya que ésta es la única
herramienta de la que dispone el locutor para transmitir esa
información complementaria debe hacer los gestos, no deben faltar
las expresiones faciales, muecas, etc.
Existe un libro
(en Cuba no se ha publicado lamentablemente) de Redacción y
locución en medios audiovisuales: la radio, Amparo
Huertas y Juan José Perona, Profesores de radio en la Facultad de
Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Barcelona,
ellos afirman que la voz es la sonrisa del radiofonista, su boca,
sus ojos, sus manos, sus gestos... Su simpatía, su sentido del
humor, su mirada... Sus movimientos, sus guiños, su vestimenta... La
voz es amistad, confianza, credibilidad, misterio, alegría,
tristeza, belleza, fealdad, miedo, seguridad... La voz es, en
definitiva, todo lo que el oyente pueda llegar a imaginar.
La Voz es
sonido y, como tal, cuando se emite, presenta siempre tono,
intensidad y timbre determinados, al
margen de otras características acústicas que se empastan sobre
cualquier discurso verbal, como el ritmo, la entonación, etcétera.
En la radio
actual, es muy común escuchar programas a dos voces y en ocasiones
hasta tres. No es contraproducente ésta práctica. Se debe hacer con
un buen balance, combinar voces agudas y graves adecuadamente es lo
más sensato. Cuando una voz de mujer bien timbrada hace de primera,
la voz segunda varonil llena el espacio y se logra una mezcla
semejante a notas de partitura del pentagrama. El director del
programa y por supuesto quien está al frente de la radioemisora son
los responsables de la adecuada selección de voces. La credencial
de la radio es la voz.
Un noticiero
donde solo se escuchen voces masculinas carece de brillo, no hay
contraste y el oyente rechaza tantos acordes graves. Hasta las
entrevistas ameritan un exacto equilibrio. No debemos olvidar que la
radio es sonido, pero sonido diverso, que al concatenarse
resultan la armonía y diversidad en el mensaje. Finalmente es
decodificado por el oyente.
NO hay
dos personas iguales, tampoco existen dos voces idénticas, si
parecidas. Una voz de tono medio, muy bien timbrada puede tener una
textura similar, pero jamás llegan a ser análoga a otra ¿por qué?
La respuesta radica en el temperamento y el carácter del hablante,
porque la intensidad con que se emite un sonido articulado esta
ligado directamente a las emociones que son capaces de salir desde
muy hondo.
Las
cualidades vocales del comunicador van más allá del timbre. Los
profesores de locución en cuba siempre insisten en la acción
‘‘proyectar bien. ’’ Una voz débil, con colores pálidos,
trasmite flaqueza e inseguridad.
Hay
voces que son sordas y poco flexibles, las que resultan difíciles de
trasmitir toda la gama de sentimientos y emociones que puede y debe
llevar un mensaje. Determinación, energía, firmeza y seguridad en el
habla; un locutor, que es un comunicador social por excelencia
trasmite estos atributos al interlocutor virtual (el oyente).
La locución radiofónica
padece desde hace años las consecuencias de ser considerada como una
práctica sujeta a predeterminadas características, y a unas técnicas
específicas, a las que con frecuencia se suele recurrir para
diferenciar entre aquellos discursos verbales que se ajustan al
medio y aquellos otros que no lo hacen.
Este hermetismo, ampliamente
extendido entre un buen número de profesionales y docentes, ha
conferido un carácter casi sagrado a múltiples teorías y consejos
que, en realidad, tienden erróneamente a unificar la palabra
radiofónica, al admitir, por ejemplo, que la velocidad óptima de la
locución se sitúa en un número determinado de palabras por minuto,
que la entonación neutra (sin altibajos muy marcados) es la más
recomendable, o que la actitud del locutor -con independencia de la
tarea verbal a la que se tenga que hacer frente y del momento en que
dicha tarea verbal deba llevarse a cabo-, ha de ser invariable.
Por otra
parte, OJO con los gritos al micrófono, tenemos locutores que pelean
con los oyentes, son nerviosos, atropellan palabras, gritan,
parecen pregoneros, no matizan, omiten las pausas, no realizan las
paradas según los puntos o las comas y se oye su respiración de mal
gusto al aire que provoca el desespero del escucha. Una locución así
desmorona la palabra, la minimiza y el oyente que si sabe, cambia el
dial. En el acto de la comunicación interpersonal cuando existen
estos problemas el interlocutor deja de oír y prestar atención.
En la
radio, como en la vida diaria, se gesticula, por tanto delante del
micrófono hay que mover las manos, la cabeza el cuerpo, los gestos
no salen al aire pero mejoran la entonación, las palabras salen con
más energía y fluidez. Se aconseja no hablar con los brazos
cruzados, ni con las manos bajo de la mesa, tampoco cruzar los pies.
La naturalidad es la regla de oro de toda locución.
En
nuestras conversaciones con los profesionales de la palabra en la
radio insistimos en la necesidad de trasmitir alegría, entusiasmo al
oyente, porque en medio de un mundo con tantas crisis y limitaciones
materiales la gente clama por un momento de esparcimiento y de
estados de ánimos optimistas y no derrotistas.
Si
decimos que el locutor es un comunicador por excelencia, es porque
domina la animación de programas variados, musicales, sabe leer
noticias, editoriales, menciones, poemas, notas promociónales,
redacta, narra o describe el paso de un fenómeno natural y sabe
orientar a la población.
El valor
de la palabra es grande, pero las virtudes del oído alcanzan las
mismas dimensiones. El ser humano cuando nace más que ver lo que
hace es sentir y escuchar los sonidos que se emiten a su alrededor,
nadie aprende a hablar viendo una postal o un paisaje, las voces
maternales son las primeras señales que llegan, por imitación se
despierta y nace el lenguaje en el niño al escuchar aquella primera
palabra.
La
palabra bien empleada, bien dicha es capaz de mover multitudes y no
solo eso, una palabra aclara el camino, rompe con la espesura de un
conflicto y si esa palabra lleva el vestuario de la ternura no hay
más que hablar se produce entonces el abrazo de ideas y de
identificación de causas, ese abrazo es tan grande como el de las
palmadas en el hombro, porque una mirada de aceptación de una
persona hacia otra no solo se da con los ojos, ese mirar entra
igualmente por los oídos.
Un poeta
escribió, amo las palabras blancas, porque ya conocí a las negras.
Por tanto, nos parece que entre los grandes objetos sociales de la
radio en el siglo XXI, está invadir el éter de alegrías, para
lograrlo, hacen falta comunicadores contentos, entusiastas y con
mucha firmeza.
Bibliografía consultada.
-
El lenguaje radiofónico
Armando Balsebre, catedrático de Comunicación Audiovisual y
Publicidad en la Universidad Autónoma de Barcelona.
-
Redacción
y locución en medios audiovisuales: la radio,
Amparo Huertas y Juan José Perona, profesores de radio en
la Facultad de
Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Barcelona.
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