| Los signos en la
radio moderna |
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| Autor: Carlos Rafael Diéguez Batista |
| Medio: Radio Vitral, Sancti Spíritus.
Cuba. |
| email:
carlosdi@enet.cu |
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PERIODISMO RADIAL----
Los filósofos de la antigüedad se preocuparon por el lenguaje y los
signos. Este punto de vista inicial nunca dejó de ampliarse y
diversificarse.
Hoy día los que hacemos radio debemos ocuparnos de la semiótica en dos
campos básicos de la comunicación. El primero en una dimensión
externa, me refiero hasta donde llega el sonido, donde se percibe
esa señal que se esparce no para el consumo social, sino
individual.
El segundo plano es más difícil, tiene que ver con el yo interno del
realizador. Los que producimos contenidos para este versátil medio
debemos someternos a constantes autoanalisis ya que existe la
tendencia a imponer nuestros gustos y hacer espacios con puntos de
vistas personales. El yo interno debe ser alimentado como un disco
duro de una PC con aires renovadores, y que sea una síntesis de los
gustos de la mayoría.
Los hombres primitivos sentían satisfacción, con el de los signos
aparentemente instrumental, ligado directamente con sus problemas
de subsistencia (comunicar la ubicación de la caza, situarse en su
medio ambiente), lo que no implicaba ninguna problemática particular
que resolver.
¿Cuál es el fenómeno que plantea la radio? ¿Emitir, recibir o facilitar
el mensaje que nace en la comunidad? Quién ofrece las declaraciones
en una entrevista ¿es el primer emisor? Es por tanto
La Radio ¿una
recolectora de mensajes?
Los signos y los códigos que permiten una acertada comunicación de la
radio con su mercado de audiencia pululan en la psiquis de la gente
común. Las funciones del signo no son solo patrimonio de los medios
gráficos y visuales. El hombre y la mujer que hacen radio hoy deben
hurgar en los sonido de los campos y ciudades emitidos por los
protagonistas naturales y artificiales, con el objetivo de
apropiarse de los modelos y patrones semióticos que sirvan de
referencia para la comunicación.
Esas muestras sonoras deben archivarse y actualizarse periódicamente ya
que acompañan la existencia del medio radial desde su surgimiento a
principios del pasado siglo.
La radio a diferencia del cine, nació hablando desde el principio.
Canta y hace bailar a generaciones de escuchas que la asumen como
un medio acompañante. Múltiples funciones la caracterizan.
Sin la existencia de un lenguaje y sin la existencia de un código o
conjunto de normas y reglas que den sentido a ese lenguaje,
difícilmente podríamos hablar de comunicación, de la misma manera
que tampoco sería posible entablarla si no se dispone de un canal
que la haga viable, si no se da una situación que la propicie -por
mucho que deseemos conversar con alguien, raramente lo podremos
hacer si no tenemos interlocutor-, o si no hay mensaje alguno que
transmitir.
En la radio, al igual que en los otros medios, convergen todas y cada
una de las condiciones necesarias para hacer de la comunicación una
realidad, ya que, entre otras cosas, tiene un lenguaje y un códigos
específicos de los que se sirven sus profesionales para construir
toda esa amalgama de mensajes/sonido que llegan a nuestros oídos a
través de los aparatos receptores.
De hecho, si ahora sintonizas una emisora de radio te darías cuenta de
que constantemente se van sucediendo y alternando voces y músicas,
y, en algunos casos, otros sonidos como el cantar de los pájaros,
las olas del mar, ambiente de plena naturaleza, o el de un motor y
un claxon de un auto. Observarías, igualmente, que todo está
perfectamente ordenado y que, por ejemplo, una voz aparece cuando ha
callado otra, que un fragmento musical que emerge al inicio de un
informativo desaparece lentamente, que un locutor presenta una
canción mientras suenan, a un volumen más bajo, las primeras frases
de la música, y así un largo etcétera. Todo eso que se relacionan
son signos, códigos o convenciones que se usan lo mismo en la radio
de China que de Baracoa.
Los efectos sonoros desarrollan un papel fundamental para la
producción radiofónica, al igual que la voz y la música. La radio,
es un medio comunicativo que se puede calificar de “ciego”, ya que
el receptor-prefiero decir perceptor- no recibe ninguna imagen, ni
ninguna información visual. La radio, sólo cuenta con los recursos
sonoros, como la voz, la música y los efectos sonoros. Todos ellos,
en su conjunto, deben lograr que el oyente visualice en su mente el
mensaje que se le quiere transmitir, además de percibir cada uno de
los matices de la situación. Los efectos sonoros, por tanto,
persiguen el objetivo de describir paisajes sonoros.
El efecto se puede obtener de forma natural o artificial, es decir,
existe la opción de escoger sonidos directamente del medio real,
mediante la grabación de los sonidos, por ejemplo, de los pájaros,
del ruido del tráfico, etcétera.
O bien, a través de la creación del hombre, ayudándose a veces, con
equipos técnicos. Por ejemplo, podemos reproducir el sonido del
fuego, sencillamente arrugando un papel de celofán. ( tan viejo como
la radio) El efecto es reconocido por el receptor en la medida que
está asociado a una realidad, a un objeto, a un fenómeno
meteorológico, etcétera. Cada barrio tiene su sonido y hay objetos
que jamás se le conoce efecto ¿alguien sabe como suena la luna?
Por otro lado, los efectos sonoros se corresponden una serie de
funciones según su intencionalidad. Se distinguen las siguientes
funciones: descriptiva-ambiental, descriptiva-expresiva y narrativa.
La primera, contribuye a la compresión de la situación, ayuda, por
tanto, a percibir el entorno donde se desarrolla el mensaje. Por
ejemplo, si hablamos del campo, el trinar de los pájaros, del
sinsonte nos aporta un matiz más que nos sitúa en ese ambiente en
que se contextualiza el contenido.
La función descriptiva-expresiva, enfatiza el lenguaje radiofónico,
es decir dota de mayor expresividad el mensaje acentuando su valor,
pero no constituye un matiz imprescindible para la comprensión de
éste. Por ejemplo, en el contexto de una situación tensa o de
discusión, se puede apoyar esta sensación con el sonido de un
trueno.
La tercera función, la narrativa, se corresponde a aquellos efectos
sonoros que por sí solos se identifican con una situación sin lugar
a equívoco y, sin necesidad de otro componente adicional. Por
ejemplo, el ruido que produce un motor de coche al encenderse, sólo
nos invita a pensar en esa acción.
El efecto fade-out, es frecuentemente utilizado en el medio de la
radio, consiste en la desaparición progresiva del sonido. Por
ejemplo, el cesar paulatino de la lluvia, hace entender al oyente
que la lluvia ha terminado.
Los componentes del lenguaje radiofónico, o, dicho de otro modo, las
materias primas con las que trabaja la radio son cuatro: la voz (o
el lenguaje de los humanos), la música (o el lenguaje de las
sensaciones), los efectos sonoros (o el lenguaje de las cosas) y el
silencio. Como es lógico, el uso que se hace de estas materias varía
en función del tipo de programa y, así, mientras que en un
informativo predominan las voces de aquellos reporteros y locutores
que relatan las noticias, en una discoteca o en una revista musical
es precisamente la música la que tiene un papel protagonista.
El principal denominador común de los componentes del lenguaje
radiofónico es, ante todo, su ilimitada riqueza expresiva y su gran
poder de sugestión. Utilizando sólo la voz, o sólo la música, o la
voz y la música, o la voz y el silencio, o todas las materias primas
a la vez, podemos lograr que el oyente se alegre o se ponga triste,
que visualice en su mente un paisaje, que recree un movimiento, que
sienta miedo, que se entretenga o que se aburra... Porque, en el
universo radiofónico, todo es posible.
EL profesor Armand Balsebre, catedrático de Comunicación Audiovisual y
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la Universidad
Autónoma de Barcelona, aporta muchísimo sobre estos temas en el
libro que, precisamente, lleva por título El lenguaje
radiofónico: Conjunto de formas sonoras y no-sonoras
representadas por los sistemas expresivos de la palabra, la música,
los efectos sonoros y el silencio, cuya significación viene
determinada por el conjunto de los recursos técnico-expresivos de la
reproducción sonora y el conjunto de los factores que caracterizan
el proceso de percepción sonora e imaginativo-visual de los
radioyentes.
El discurso radiofónico y su lenguaje formado con sonidos, voces,
entonaciones, silencios, músicas, etc., así como las mezclas
posibles se caracterizan, a diferencia de los signos lingüísticos,
en su naturaleza analógica puesto que es más difícil determinar las
lejanías entre el signo y su significado si reparamos, por ejemplo,
en los sonidos de una ambulancia o del auricular telefónico. Estos
signos tienen un gran parecido con la realidad. Como en la
televisión, lo que sucede en la radio es, de entrada, de verdad. No
es una recreación fría y distante, como la prensa escrita, sino que,
en efecto, percibimos personas de carne y hueso que cantan, hablan,
se equivocan, están ahí diciendo que están ahí y que nosotros
estamos en contacto con ellos, creyéndoles en toda la realidad que
les da el habla directa y viva. Creerles, en este caso, depende
simplemente de su capacidad de mostrarse de manera emotiva y
auténtica; calurosa y personal. ¿Cuánta necesidad tienen, entonces,
los formatos radiofónicos de diferenciarse y ganar "independencia"
respecto de hechos y opiniones como la prensa para ser creíbles. ¿Es
posible conseguir los mismos niveles de credibilidad que los de la
prensa sin recurrir a los prototipos periodísticos?
Función Estética: Una palabra en la radio bien vestida, como la
poesía, sugiere más de lo que UD pueda ver. Una de las primeras
reglas de la comunicación es que para comunicar hay que agradar, y
agradar significa, entre otras cosas, tener un valor estético.
Si
en un mensaje de afiche son importantes los colores, las formas, y
el juego de las imágenes, en la radio las palabras, los contrastes
de sonidos y la envoltura final de un producto auditivo determinan
el consumo habitual de las propuestas radiofónicas.
Función Creadora: El programa de radio, debe constituirse en una
obra de arte, transformadora del entorno y a la vez vehiculo para
acentuar el gusto por el buen hacer. Revolucionar las formas de
hacer los espacios radiales. El siglo XXI es un reto para los
profesionales del medio. Hay que salir de los estudios y dejar las
cabinas refrigeradas para buscar las audiencias perdidas u ocupadas
por tecnologías alternativas. Una radio que no se oiga, esta muerta.
Un
noticiero u otro espacio de orientación o educativo puede emitirse
hoy desde un parque bajo la sombra de un árbol y mañana en un centro
de estudio o fabril. La radio debe caminar con la gente y repartir
su sonido cara a cara de lo contrario podría fenecer y cumplirse los
fatalistas pronósticos de la muerte de la radio.
Retomar los conciertos en vivo de agrupaciones musicales desde
plazas y disímiles escenarios podría acabar con el pesimismo de
productores y mercados deslumbrados hoy con la Internet y las nuevas
tecnologías.
Encontrar los nuevos signos y códigos que surgen en las sociedades
constituye apremio para lograr efectividad a través de las ondas
hertzianas. Con la semiótica de la radio se oye, y trasmiten
imágenes. Esos valores agregados hay que devolverlos con una mejor
factura al punto de la audiencia.
La semiótica puede
ser entendida como la teoría general de los signos, o de los
lenguajes en cuanto a sistemas de comunicación. El dominio de la
semiótica la conforman los lenguajes, sean estos naturales o
artificiales. En este sentido es el estudio que se encarga de dar
los fundamentos de cualquier ciencia particular que trate de signos,
como la lógica, la lingüística o la matemática.
A partir de los signos sonoros en la radio se configuran los
textos, entendidos no sólo como construcciones lingüísticas de
sintagmas sino como Cadenas de Significación que pueden
moverse en el ámbito verbal o no verbal, y que pueden ser
representadas por signos lingüísticos, fonéticos, expresivos,
estéticos. Ejemplo: los tonos y ritmos en la voz generan negativos o
positivos estados de ánimos.
Los textos a su vez permiten configurar el discurso. Que en este
caso funcionan como una totalidad significativa, llena de sentido
que se construye a partir de la propuesta de plano de la expresión
y plano del contenido. El montaje en la radio funciona de la misma
manera que en el cine, con retrospectiva o historias paralelas. |