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PERIODISMO RADIAL----
Cuando surgió la
radio, a inicio del siglo XX, como medio de comunicación masiva lo
primero que puso en crisis fue a los medios de comunicación que en
esos momentos existían pero cuando apareció la televisión muchos
pensaron que en ese instante llegaba el ocaso del medio.
A la televisión
le han seguido otros medios que refuerzan los criterios que ya la
radio ha perdido la valía como medio. Son tantos los adelantos
tecnológicos que certifican que si quieres oír música, atributo que
la radio fue acomodando ante oyentes que solo lo que querían era esa
forma de recreación, aparecieron equipos sofisticados que
permiten estar oyendo música y que admiten hasta que se haga la
producción de lo que queremos escuchar independientemente del orden
que tengan en la producción original.
Sin entrar en más
argumentos de los riesgos que el avance tecnológicos le pone a la
radio quisiera compartir los compromisos que los propios creadores y
directivos incitan ha este medio.
Pensar que el
medio transita por una tradición de más de 80 años que lo hace
invulnerable y que el talento acumulado en sus creadores permite su
SOSTENIBLE existencia, nada tan lejos de la verdad pues
muchos males y vicios ponen a este tradicional medio en riesgo de un
retroceso sino se aplican todas las acciones que se demanda en esta
época.
Esos tiempos
están sustituidos por otros que residen en imitar a otros medios
con los mismo productos comunicativos, violentar los niveles de
alcance del medio, sustraerse de los oyentes potenciales y hacer
diseños para una audiencia hipotética sin que la sustente ningún
rigor científico, desconocimientos de las características
socio-culturales de la región geográfica que debe abarcar la señal,
ignorancia de las necesidades que ese público, abarcado
geográficamente, esperan del medio.
La radio en su
misión de transmitir mensajes que deben despertar en el oyente un
cambio de actitud o despertar el interés por conocer aun más de lo
que se le ha ofrecido debe acudir como recurso a la seducción,
lograr crear la representación idealmente de algo, crearlo en la
imaginación. La imaginación, elemento clave para el discurso
radial, abre múltiples posibilidades para el encuentro diario con el
oyente. Entonces, lo mejor es pensar en una estructura de
programación flexible y en cada programa emplear diversas formas de
iniciar el programa, diferentes saludos y cierres, recursos, formas
de abordar al oyente, recibir o despedir la intervención telefónica,
presentar canciones, etc.
Un recurso muy
utilizado en muchas emisoras es saludar a los oyentes, más que
saludar es leer una lista de nombres que si el oyente conecta la
radio cuando se ha empezado a comunicar no se sabe a que se refiere
porque en incontables casos no se reitera que era lo que se
pretendía. Ello obedece al argumento de con ello se atiende al
oyente o es la expresión de las relación oyente-programa.
Mi apreciación
sobre este tema difiere y creo que la atención o relación con los
oyentes es servirle con la información útil, necesaria, esperada,
orientada a conocer donde resolver sus problemas y no solo oírse
aunque existan que solo eso es su aspiración.
La forma en que
queramos hacer un programa, la estructura no puede ser una camisa
de fuerza; debe ser la posibilidad de tener pre-establecido el
trabajo a realizar. En ello es un factor importante el nivel de
preparación que se realice con el colectivo, que se tenga para cada
emisión una estrategia y como se conducirá la táctica en cada
minuto.
Cuando esto no se
observa ponemos en peligro al medio, al programa y oímos con mucha
frecuencia que ese programa es igual que otro. Desde luego se deja
de cumplir con el principio de creatividad sostenida, búsqueda
constante de elementos de interés para la audiencia, ejercitar el
criterio de evaluación de cada puesta y sustituir o incluir aspecto
que favorezcan e enriquezcan los contenidos.
A los oyentes de
radio todo mensaje que reciba debe creer en él y en ello lo favorece
muchos aspectos a la hora de comunicar: desde la forma en que le
decimos, fundamental la profesionalidad del comunicador, la claridad
del mensaje con un leguaje claro sin inducir burdamente la reacción
que se espera que asuma cuando los escuche; que tenga implícito un
servicio de cualquier índole para el que lo recepciona; empatía con
su realidad circundante, que denote respeto aun cuando se someta a
juicio critico desfavorable cualquier aspecto de la sociedad donde
se tenga relación; dejar en el oyente la posibilidad de una
reflexión, no hacerla por él y básicamente procurar una relación
recurrente con su entorno.
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