| Comunicación
Organizacional y Comunicación Masiva: Juntos, ¿y también
revueltos? |
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| Autor: Osmaira González Consuegra |
| Medio: Universidad Central de Las
Villas. Villa Clara. Cuba |
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COMUNICACIÓN SOCIAL----
Entre la
comunicación organizacional y la comunicación masiva existen
convergencias. Aunque no significa la suplantación de una por otra.
Las dos pertenecen al nivel público de la comunicación social, por
lo que coinciden en ser actividades colectivas destinadas a proveer
de la información necesaria para la reproducción de la comunidad. No
obstante, se diferencian en sus modos de realización de sus
funciones. De ahí que consideremos pertinente referirnos en la
presente monografía a las particularidades de ambos tipos de
comunicación y a la vez definir cómo pueden interrelacionarse sin
que existan contradicciones. Divulgar información desde una
organización económica o social, no es hacer periodismo. Sin
embargo, la persona encargada de hacerlo y los periodistas deben
andar juntos; e incluso «revueltos». Aunque signifique contradecir
un refrán popular.
Tal unión debe
concebirse sobre fundamentos teóricos y científicamente demostrados,
según los conceptos planteados por los analistas de la comunicación
social. Como resulta conocido, las funciones de ambos —periodista y
divulgador—, se corresponden con la de un emisor de mensajes en el
nivel público de la comunicación.
De acuerdo con Manuel
Martín Serrano, de esta manera tiene lugar la comunicación pública,
y ésta no es más que: «La forma social de comunicación en la cual la
información se produce y distribuye por el recurso a un Sistema de
Comunicación especializado en el manejo de la información que
concierne a la comunidad como un conjunto.»
De ahí que sean
evidentes las coincidencias entre la comunicación organizacional y
la comunicación masiva, en tanto esta última se deriva de la
primera. Mas, difieren en la implementación de sus respectivos
sistemas de comunicación y especialización de los mismos.
En este mismo digital
aparece el artículo ¿Comunicación Social en Cuba?, en el que
su autor y periodista Zeus Naya Catalá define al divulgador de una
institución como: «(…) la persona encargada de potenciar cuestiones
de la comunicación (…) alguien que en un puesto y funciones
diferentes se concebía análogo a lo que es el Relacionista Público.»
Más adelante explica
cómo a partir de 1981 se aprobó la denominación y descripción del
procedimiento de trabajo del Especialista en Divulgación. Asimismo,
advierte que durante la década de los ochenta no había en el país
una carrera que concentrara a las Relaciones Públicas, Publicidad,
Mercadotecnia, Propaganda, Divulgación, Promoción, Protocolo.
Tampoco una organización social que agrupara a quienes llevaban esas
funciones. «Entonces la UPEC acogió en su seno a todos los
trabajadores, no solo de la prensa, sino de la comunicación en
general (…) precisó las convergencias y diferencias entre
Periodismo, Relaciones Públicas, Publicidad, Mercadotecnia,
Propaganda, Divulgación, Promoción y Protocolo mientras se daban los
pasos para convocar en 1989 a la Primera Asamblea Nacional de
Propaganda y Publicidad. El 25 de
junio del año 1991 fue instituida la Asociación Cubana de
Publicitarios y Propagandistas (ACCP).»[1]
A lo anterior debemos agregar que la educación superior
cubana, que como parte del proceso de rectificación venía revisando
los planes de estudio, decidió incluir la Comunicación Social y para
ella atendió el llamado Plan C. En el año 1993 llegó a conformarse
la Facultad de Comunicación con la carrera de Comunicación Social
con un amplio perfil que permitió graduar profesionales preparados
para ejercer tanto en el Periodismo, como en las Relaciones
Públicas, Publicidad, Mercadotecnia.
¡Eh ahí el origen de la
confusión! Hoy, cuando en todas las provincias cubanas se cursa la
carrera de Comunicación Social, gracias a la universalización de la
enseñanza superior, y hasta cinco de ellas se ha extendido la de
Periodismo; aparecen con mayor frecuencia algunas preguntas como las
siguientes: ¿En qué se diferencian el periodismo de la comunicación
social? ¿Cuáles son sus perfiles? ¿Por qué en unas universidades
pertenecen a la misma facultad y en otras no? Responderlas de la
manera más esclarecedora posible constituye la esencia de la
presente monografía.
Comunicación desde
las organizaciones
Las instituciones
cubanas han dando indistintamente sus pasos particulares en la
Comunicación Institucional. Para ellas ha resultado muy novedoso
buscar una asociación, a través de la dirección de su actividad
específica, entre los modos de gestionar, elaborar estrategias,
programar acciones, planes y campañas de comunicación.
«El proceso de
perfeccionamiento empresarial (…) extendió la preocupación por estos
tópicos. Uno de los subsistemas de sus Bases Generales concernía
específicamente a los estudios de mercado e incidía inequívocamente
sobre la comunicación»[2]
Desde distintos
escenarios cubanos brotaban términos como Mercadotecnia y
Publicidad. Aunque más en correspondencia con la modificación de
comportamientos sociales ajustados a las condiciones cubanas. Por
otro lado, la comunicología (estudios teóricos), comunicación
comunitaria, la comunicación educativa además del diseño gráfico, la
identidad, la cultura y las nuevas tecnologías comenzaban a
distinguirse como elementos estratégicos.
De tal modo, en Cuba
comenzaba a reconocerse que la necesidad de contar con una
comunicación institucional u organizacional, bien concebida desde
las respectivas entidades gubernamentales, organizaciones sociales y
empresas. Con el basamento teórico de que este tipo de comunicación
«supone la asignación de recursos materiales y humanos a una
organización especializada en al obtención, procesamiento y
distribución de información destinada a la comunicación pública. Es
la referida al sistema político y la empresa comercial.»
Con este concepto,
concluimos que entre los distintos tipos de comunicación
institucional se encuentra la comunicación que se realiza a través
de las emisoras de radio, canales de televisión, periódicos y
revistas impresas o digitales. Por tanto, corresponde a estos medios
de difusión realizar otro tipo de comunicación pública, definida
como masiva.
Comunicación Masiva
Para su definición nos
acogemos al concepto planteado por Sherkovin, por considerarlo el
más ilustrativo al decir:
«Proceso de difusión de
informaciones (conocimientos, valores espirituales, normas morales,
etc) con ayuda de medios técnicos (prensa, radio, TV, etc) a un
auditorio diseminado y numéricamente grande.»[3]
Vale subrayar los últimos términos, pues marcan la
diferencia con otros medios de comunicación institucional como los
plegables, boletines, informes, etc. Y a su vez dejan claro el
alcance de la comunicación masiva.
Por todos son conocidas
las características de cada medio de difusión. No obstante, debemos
reiterar que éstos repercuten en el receptor según sus modalidades
de percepción, los patrones de conducta, la libertad u obligación en
el tiempo de exposición ante los mensajes, la situación espacial, la
situación social y la distancia temporal entre el suceso y su
recepción.
Pertinencia de una
relación armoniosa
Congeniar los intereses
de divulgación de las organizaciones y los perfiles editoriales de
los medios de comunicación masiva no es cuestión de coser y cantar.
Cuando una institución
desea informar, a través de la radio, la televisión o el periódico
sobre alguna de sus actividades o resultados de impacto social, debe
conocer, al menos cómo, cuándo y qué solicitar, a fin de satisfacer
sus intereses y a la vez permitir que el medio al cual acude cumpla
eficazmente sus funciones.
Lamentablemente, no
siempre ocurre así. En algunas ocasiones las organizaciones emiten
textos a los cuales denominan notas de prensa, con el objetivo de
que sean publicadas íntegramente como las redactaron. En otras,
solicitan una entrevista, por ejemplo, cuando el género periodístico
más adecuado pudiera ser un reportaje o una crónica.
Basta estos dos
«botones», como muestra de que resulta pertinente una relación más
armoniosa entre Comunicación Institucional y Comunicación Masiva, a
fin de que ambos cumplan sus funciones sin contradicciones.
[3] Citado por Hilda Saladrigas y
Margarita Alonso en Introducción a la Investigación y la
Teoría de la Comunicación, página 196.
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