| Razón instrumental,
Modernidad y Teoría Hipodérmica |
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| Autor: Neiky Machado Flores |
| Medio: Universidad Central de Las
Villas. Villa Clara. Cuba |
| email:
neiky@uclv.edu.cu |
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COMUNICACIÓN SOCIAL----
A medida
que Dios calcula se hace el mundo.
Leibniz
Dios
ha muerto. ¡Viva la razón! Frases como estas pudieron abrir para la
historia el capítulo de la Modernidad. Desde entonces, el afán del
hombre por explicarse los fenómenos de la naturaleza, nunca antes
cuestionados, para definitivamente dominarla (a la naturaleza por
supuesto) favoreció el desarrollo de la ciencia y hasta la
dependencia[i]
respecto a ella.
Con la Modernidad se inicia un
nuevo credo: hoy el ser humano confía en el poder de la ciencia y
del conocimiento. Y es que la burguesía como nueva clase social
debía legitimar su dominio; para hacerlo encumbró a la razón en
detrimento de las otroras interpretaciones de la revelación divina
-objeto este- esencial en la filosofía medieval.
Nunca más la trascendencia o la tradición
explicarían los ascensos al poder político de personas o
instituciones; mucho menos los juicios categóricos[ii].
Pero al eliminar las construcciones subjetivas religiosas, la nueva
ciencia se segmentó. ¡Hasta aquí las Matemáticas!, ¡A partir de acá
la Física!, ¡Dentro de estos límites la Biología!
Para las ciencias sociales
todavía sería peor. Como en la Modernidad la nueva ciencia se
basará en el conocimiento de la realidad natural y humana para
servir eficientemente a los nuevos principios filosóficos, sociales
y políticos, ella debía ser tan exacta como la más
incuestionable de las llamadas exactas. (Galafassi en internet, 21
de junio de 2007)
Es decir debía “ser matematizable”
y sobre todo ser capaz de predecir. Y detrás de cada predicción por
supuesto el método hipotético deductivo. Así, las nociones de
uniformidad y regularidad -distinguidas sobre la base de métodos
empleados en las Ciencias Naturales y Exactas como la observación y
la experimentación- instituyeron la tranquilidad ciudadana, a la vez
que, legitimaron una clase social y construyeron un conocimiento
que- hay que decirlo- contribuyó al desarrollo material de la
humanidad.
Entonces, Teoría es la
acumulación del saber en forma tal que este se vuelva utilizable
para caracterizar los hechos de la manera más acabada posible (Horkheimer,
1998: 223). En otras palabras, la teoría para el caso de las
Ciencias Humanísticas y del espíritu se vuelve una muy somera
descripción de los fenómenos sociales, o una simple recolección
de datos globales y la posterior extracción de reglas
generales como en las paradigmáticas Ciencias Naturales y
Exactas (ibidem: 237).
Desde el siglo pasado –incluso desde antes- el
hombre tiene la certeza de que no puede prescindir del saber
científico, e incluso, de que quien domine este tiene el poder. De
esa manera, la hegemonía clasista de la burguesía devino en
instrumentalización de la razón. Esto es en primer término una
escisión entre la práctica social del individuo[iii]
y la actividad intelectual del científico -ambos personajes en un
mismo hombre-.
Visto desde el marxismo, la razón
instrumental además de ver a la ciencia como esa esfera separada de
la praxis, le confiere un marco ahistórico y acrítico, hasta
convierte sus supuestos en categorías teóricas eternas. Por tanto se
ha vuelto instrumento de dominación de la clase que controla los
resultados científicos, a la vez que subordina a estos su función
utilitaria.
Para nadie es un secreto, aún hoy, que sólo
intereses económicos, políticos, militares y de dominación “deciden”
si un proyecto de investigación es interesante y útil. Los costos
que generan las investigaciones le exigen un buen respaldo
financiero y ello solo puede obtenerse si es seguro el retorno en
términos de resultados tecnológicos, o en términos de dinero[iv].
Esa práctica frecuente, marcadamente ideológica
además, concibe a la racionalidad como adaptación a las
circunstancias. El siglo XX
aceleró la transformación de la ciencia de laboratorio en
tecnología, parte de la cual demostró tener una amplia aplicación a
la vida cotidiana[v].
El láser es un ejemplo de esta rápida transformación. Visto por
primera vez en un laboratorio en
1960, a principios de los ochenta
había llegado ya a los consumidores a través del disco compacto. La
biotecnología llegó al público aún con mayor rapidez; las técnicas
de recombinación del ADN, es decir, las técnicas para combinar genes
de una especie con genes de otra, se consideraron factibles en la
práctica en 1973. Menos de veinte años después la biotecnología era
una de las inversiones principales en medicina y agricultura…
Los nuevos avances científicos
se traducían en un lapso de tiempo cada vez menor en una tecnología
que no requería ningún tipo de comprensión por parte de los
usuarios finales. El resultado ideal era un conjunto de botones o un
teclado a prueba de tontos que sólo requería que se presionase en
los lugares adecuados para activar un proceso automático, que se
autocorregía incluso, en la medida de lo posible, tomaba decisiones,
sin necesitar nuevas aportaciones de las limitadas y poco fiables
habilidades e inteligencia del ser humano medio
(Hobsbawm, 2003: 521).
Y la sociedad moderna nunca se
pone en tela de juicio, no se cuestiona porque esta ciencia rehuye
de todo lo que implique valoración. Los criterios valorativos
éticos, políticos, económicos, etcétera, tenían que obtenerlos a
partir del descubrimiento de la racionalidad intrínseca a la propia
dinámica de funcionamiento de la nueva sociedad. La nueva época
tenía que evaluarse desde su propia racionalidad, desde sí misma
(Acanda y Espeja, 2006: 169-170).
Porque como se ha visto, la
modernidad ha de fundamentarse a partir de sí misma, y para ello el
concepto de racionalidad se vuelve esencial y definitivo (Acanda
y Espeja, 2006:170).
Con el desarrollo del
capitalismo, el auge científico técnico generó, por tanto, la
aplicación de lógicas positivistas en las investigaciones
científicas. Demasiada praxis y apogeo tecnologicista concibió
trabajos limitados a recomendaciones técnicas para los que sólo se
consideró el mundo externo al ser humano; mientras se descartaban
las mediaciones a las que el mismo estaba sometido. En fin, esa
absoluta confianza en lo medible, comprobable y demostrable que
provoca que aún hoy se acuse de poco científico al paradigma
cualitativo de investigación.
II

Sin embargo, la racionalidad
instrumental de la época moderna no sólo se limita a la segmentación
de las disciplinas, a la separación entre teoría y práctica –con la
obligada validación de hipótesis y ausencia de contradicciones que
genera-, a la metodología positivista que subyace en ella o a la no
consideración de la práctica social del individuo. Ella también
responde a las lógicas de validación del capitalismo como sistema y
de las relaciones de poder que en él subyacen.
Aunque la comunicación, como forma de
socialización del individuo, resultó uno de los elementos que
contribuyeron al desarrollo de nuestra especie -por ello existieron
variadas formas de intercambio de información en todas las
sociedades pre-modernas-
[vi]y
los periódicos surgieron también antes de la modernidad[vii],
es en esta época cuando ellos alcanzan la categoría de Medios
Masivos de Comunicación y se convierten en objeto de interés entre
los científicos sociales y entre quienes “organizan” la sociedad.
Europa no fue el escenario inicial de este
nuevo campo de estudio[viii].
Surgidas en el siglo XX, cuando faltaba poco para que los Estados
Unidos acapararan casi todo el protagonismo económico, político y
militar en el orbe –gracias a las migraciones de importantes
científicos europeos durante las guerras mundiales hacia ese país, y
con ello la obtención del protagonismo científico- técnico- las
investigaciones en el área de la comunicación tuvieron que tener ese
escenario y ser, de acuerdo con el espíritu de la época,
legitimadoras del orden social capitalista, amparadas también en la
instrumentalización de la razón.
El término “espíritu de la época”
fue acuñado por Balle (1991) en sus descripciones sobre los estudios
de comunicación, donde recoge: La historia de las investigaciones
sobre los medios no puede ser separada del examen de las
fluctuaciones del “espíritu de la época” con sus valores y sus
acontecimientos, desigual o diversamente apreciados. Así como es
inseparable de la evolución de lo que podríamos llamar las opiniones
dominantes o sea aquellas que se expresan periódicamente a través de
inquietudes muy extendidas en un momento dado y, al mismo tiempo,
por proposiciones tenidas por válidas por la mayoría de la gente
(Balle en Saladrigas, 2001: 41).
Es decir, se ampararon en las teorías
científicas dominantes, en el sentido común mayoritariamente
expresado, en las ideologías hegemónicas y en lo apreciable desde la
práctica respecto a la interacción comunicativa. En una época en que
el deslumbramiento por el cine era un patrón común en todas las
sociedades totalitarias, en que Orson Welles radió La Guerra de los
Mundos[ix]
y la mayor parte de la sociedad norteamericana entró en pánico, se
le atribuyó a los efectos de la comunicación masiva un poder
demasiado absoluto basado -en principio- en certezas pragmáticas.
La preocupación por los efectos
de los mensajes de la comunicación de masas tenía que ser el tema
principal de investigación cuando estos –especialmente la radio y el
cine- eran utilizados como estrategias fundamentales de propaganda
por poderosos sectores económicos y políticos. El interés de
provocar determinadas reacciones en las masas orientaron los
estudios del ramo hacia la efectividad de los mensajes de la
comunicación. Por ello, las concepciones de una razón
instrumentalizada determinaron el establecimiento de esos primeros
Modelos teóricos de comunicación.
El contexto político del período
entreguerras con el desarrollo del aparato propagandístico de la
URSS y de la Alemania nazi creó una situación propicia para
presuponer, a partir de principios conductistas[x],
ciertos efectos de los mass media sin realizar ninguna indagación
empírica (Saladrigas,
2001: 46).
Asimismo, detrás de los
estudios de impacto… se esconde el interés de las personas, por el
control político y por la realización de cálculos al estilo de las
ciencias exactas (Bockelmann en Vidal, 2006: 15)
De ahí que, aunque los padres
fundadores de las investigaciones comunicológicas, o mejor dicho, de
la norteamericana Mass Comunication Research sean Harold D. Laswell,
Paul F. Lazarsfeld, Kart Lewin y Carl Hovland; las primeras teorías
de la aguja hipodérmica o de la bala mágica no fueron
formuladas por ninguna de ellos.
Pues bien - temporalmente
hablando- estos primeros estudios sobre los efectos de la
comunicación de masas ocurrieron durante la segunda mitad de la
década del veinte y la primera mitad de los años treinta en los
Estados Unidos del siglo pasado. Sus principales exponentes son
Walter Lippman y Chakhotin pero sus “teorizaciones” estuvieron muy
apoyadas en las investigaciones que generaron el término sociedad de
masas; por lo que la mayoría de las hipótesis se dieron por
supuestas y nunca se comprobaron en realidad.
Según El Dr José Ramón Vidal
Valdés (2006), el término sociedad de masas tiene sus antecedentes
en el concepto de hombre medio, dado por la Física Social de
Adolphe Quetelet (1796- 1874) en 1835. A partir de este individuo –
de acuerdo con esta rama del saber- se podrían evaluar las
patologías, las crisis y los desequilibrios sociales. De esta
definición se derivan hacia finales del siglo XlX las ciencias
criminales de la medición humana: la antropometría de Bertillón, la
antropología criminal de Lombroso, las cuales se orientan hacia el
establecimiento de perfiles y rasgos típicos del individuo que
permitieran clasificar y manipular por categorías a las personas,
no como seres únicos e irrepetibles, sino como conjuntos más o menos
homogéneos.
También el Dr Vidal ubica en este
momento las primeras teorizaciones alrededor del término en el área
de la psicología y la sociología –ramas estas que se encargaron, por
lo general, de los iniciales estudios sobre comunicación- . El
italiano Scipio Sighele (1868- 1913) y el médico psicopatólogo
francés Gustave Le Bon (1841- 1931) suscriben esta visión de la
realidad a través de sus libros: La multitud criminal y
Psychologie des foules (Psicología de las multitudes)
respectivamente.
Sighele, por ejemplo, agrupa bajo
el concepto de crímenes de la masa, todas las violencias
colectivas de la plebe; entre ellas las huelgas obreras con
disturbios públicos: En la masa hay dirigentes y dirigidos,
hipnotizadores e hipnotizados, sólo la sugestión explica que los
segundos sigan ciegamente a los primeros (Sighele en Vidal,
2006: 17).
Igualmente, en el pensamiento
político conservador del siglo XIX se considera a la progresiva
industrialización, a los avances científico- técnicos, a la
revolución en los transportes y los comercios, a la difusión
–mediante todas las formas de comunicación posibles socialmente- de
valores abstractos de igualdad y de libertad, en fin a todos los
componentes que contribuyeron a la instrumentalización de la razón,
condicionantes imprescindibles para el establecimiento de la
sociedad de masas.
Entonces el hombre- masa, de
acuerdo con la descripción de Ortega y Gasset (1930), se manifiesta
en la antítesis de la figura del humanista culto. La masa es el
juicio de los incompetentes, representa el triunfo de una especie
antropológica que recorre todas las clases sociales y que basa su
propio papel en el saber especializado vinculado a la ciencia y la
técnica. Afirman también que la masa arrasa todo lo que es
diferente, singular, individual, cualificado y seleccionado
(Ortega y Gasset en Wolf, s/f: 11).
Mauro Wolf en su texto: La
investigación de la comunicación de masas para explicar lo que,
para entonces, significaba el hombre- masa –dada la incidencia que
tuvo ello en los estudios de los mass media- también cita a Simmel,
referencia esta que nos permitiremos incluir en el trabajo. La
masa es una formación nueva, que no se basa en la personalidad de
sus miembros, sino solo en aquellas partes que unifican a cada uno
con todos los demás...Las acciones de la masa apuntan directamente a
su meta e intentan llegar a ella por la vía más breve: esto hace que
lo que las domine sea siempre una única idea, la más sencilla
posible (Simmel en Wolf, s/f: 11).
En fin, para la sociedad
capitalista de las primeras décadas del siglo XX, las masas se
componen por personas de todas las clases sociales que no se conocen
entre sí, con escasas y hasta ninguna posibilidad de interactuar,
carentes de liderazgo y estructuras organizativas. Esos individuos
permanecen aislados, anónimos y, por tanto, fácilmente manipulables
por unos medios de comunicación que todavía los deslumbra por
novedosos y a los que se considera como la principal fuente de
información de esos seres humanos. Se niega, de esta manera, las
relaciones interpersonales de esos individuos.
Entonces, la Teoría Hipodérmica respondía a la pregunta. ¿Qué
efectos producen los medias en la sociedad de masas? a partir de la
“certeza” de que cada miembro del público es personal y
directamente “atacado” por el mensaje (Wright en Wolf, 2006:
10). Introducen de esta manera, pudiéramos decir, un modelo
transmisivo de comunicación o, más bien, esta teoría de y sobre la
propaganda se respaldó en la teoría de la acción conductista y
“estudió” el comportamiento humano mediante la observación y la
experimentación para asegurar el poder persuasivo –mejor
manipulador- de los medios.
[i]
Ningún otro período de la historia ha sido más impregnado por
las ciencias naturales, ni más dependiente de ellas, que el
siglo XX. (Eric Hobsbawm, 2003: 516)
[ii]
Entre las formas de juicio y las épocas históricas existen
relaciones que queremos esbozar brevemente aquí. El juicio
categórico es típico de la sociedad preburguesa: es así, el
hombre no puede cambiar nada. La forma hipotética y la
disyuntiva de los juicios responde especialmente al mundo
burgués: en determinadas circunstancias puede aparecer este
efecto, es así o bien de otra manera. La teoría crítica afirma:
no debe ser así, los hombres pueden cambiar el ser, las
circunstancias para ello están ahora presentes (Horkheimer,
1998: 257)
[iii]
Por práctica social se entiende su consumo de medios de
comunicación, su posicionamiento político, sus relaciones
interpersonales, su propia experiencia…
[iv]
Todos los estados del siglo XX …apoyaron la
ciencia, que, a diferencia de las artes y de la mayor parte de
las humanidades, no podía funcionar de forma eficaz sin tal
apoyo, a la vez que evitaban interferir en ella en la medida de
lo posible. Pero a los gobiernos no les interesan las verdades
últimas (salvo las ideológicas o religiosas) sino la verdad
instrumental. Pueden a lo sumo fomentar la investigación “pura”
(es decir, la que resulta inútil de momento) porque podría
producir algún día algo útil, o por razones de prestigio
nacional, ya que en este terreno la consecución de premios Nobel
se antepone a la de las medallas olímpicas, y se valora mucho
más. (Hobsbawm, 2003: 550).
[v]
Los beneficios que generan en la vida cotidiana de los seres
humanos los descubrimientos científicos constituyen mecanismos
de enajenación del hombre, respecto a las reales consecuencias
que tal hallazgo genera.
[vi]
El profesor español Manuel Martín Serrano en su texto La
producción social de Comunicación señala que las diferentes
sociedades han institucionalizado diversas modalidades de
comunicación pública en las distintas etapas de la evolución
histórica de la humanidad. Ellas son: Comunicación
Asamblearia, Comunicación por Emisarios y la
Comunicación por Redes de Distribución de los Mensajes. En
las sociedades industriales surge la más evolucionada de las
formas de comunicación, se trata de la Comunicación de Masas
que recurre a lo que el denomina Tecnologías de Producción y
Distribución en Masa de los Productos Comunicativos
(Serrano, 1986: 74- 76).
[vii]
Existe una polémica entre varios países del mundo europeo
respecto a la fecha de surgimiento del primer periódico, el
lugar y nombre del mismo. Si para los franceses La Gacette de
France, de Theofraste Renaudot (1631 aclaración mía), es el
primer periódico oficial regular de la historia, los españoles
reivindican las “Cartas de Novedades políticas de la corte y
avisos recibidos de otras partes” (1621- 1626) de Andrés Almansa
de Mendoza, periodista oficioso de la corte madrileña de los
Austrias. Los catalanes discuten esta afirmación, porque
entienden que el género cultivado por Mendoza estaba más
emparentado por el racionalismo renacentista que con la prensa
periódica propiamente dicha. Oponen en cambio las Novas
Ordinarias, editadas por el impresor barcelonés Jaime Romeu, en
1641. (Vázquez Montalbán, s/f: 50)
[viii]
No es objeto del presente trabajo ahondar en la polémica respeto
a si la Comunicación es una ciencia, una profesión , un campo de
estudio o las tres cosas. Consciente de los debates
contemporáneos al respecto, nos referiremos a ella como Campo de
estudio en tanto tiene como objeto la investigación de los
diferentes niveles de comunicación- en especial del masivo- , de
los elementos o partes del proceso comunicativo y de los
diferentes Modelos de Comunicación resultantes de las más
variadas investigaciones en la materia.
[ix]
Se trata de una novela sobre un supuesto ataque marciano a la
tierra de H. G. Wells.
[x]
El paradigma psicológico del comportamiento o conductismo
puede hacerse remontar a la obra de Watson “Psychology as the
Behaviorist Views it”: el autor se proponía en esta obra
estudiar los contenidos psicológicos, a través de sus
manifestaciones observables. De esta forma la psicología se
colocaba entre las ciencias biológicas, en el ámbito de las
ciencias naturales. El comportamiento –objeto de toda
psicología- representaba la adaptación del organismo al
ambiente; los comportamientos complejos manifestados por el
hombre (y observables de forma científica) podían ser
descompuestos en precisas secuencias de unidades: el estímulo
(que se refería al impacto del ambiente sobre el individuo), la
respuesta (es decir, la reacción al ambiente), el refuerzo (los
efectos de la acción susceptibles de modificar las sucesivas
reacciones del ambiente). (Wolf, s/f: 78)
Bibliografía
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Espeja: La preocupación ética. Apuntes de un Curso 2005-
2006. Aula Fray Bartolomé de las Casas, s/e, s/l,
2006.
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la Teoría Crítica
de Max Horkheimer y Theodor Adorno
en Internet, URL: http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=930563,
fecha de consulta: 21 de junio de 2007.
Hobsbawm, Eric: Historia
del Siglo XX, Editorial Félix Varela, La Habana, 2003, Tomo
II.
Horkheimer, Max: Teoría
tradicional y teoría crítica, en Teoría Crítica, Amorrortu
editores S.A., Buenos Aires, 1998.
Saladrigas Medina, Hilda
(Compiladora): Introducción a la teoría y la investigación en
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2005.
Serrano, Manuel Martín: La
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Uzín Ollero, Angelina:
Apuntes acerca de
la Dialéctica de la
Ilustración en Internet, URL:
http://www.psicoanalisis-s-p.com.ar/modernidad009.htm,
fecha de consulta: 15 de junio.
Vidal Valdés, José Ramón:
Medios y públicos: Un laberinto de relaciones y mediaciones.
Estudios sobre los efectos y la recepción de los mensajes
mediáticos, Editorial Pablo de la Torriente, La Habana,
2006.
Wolf, Mauro: La
investigación de la comunicación de masas, Editorial Pablo
de la Torriente, La Habana, s/f.
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