La Tecla © fundado el 18 de diciembre de 2002 Sitio de los periodistas cubanos para el debate y reflexión sobre temas teórico-profesionales patrocinado por la Delegación Provincial en Ciego de Ávila de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) Director: Filiberto Pérez Carvajal
Introducción Cuando en 1986 el académico e investigador español Manuel Martín Serrano exponía en La producción social de comunicación su teoría de que los Medios de Comunicación Masiva (MCM) son aparatos mediadores de la sociedad, estaba entregando a nuestros tiempos un referente esencial para valorar el justo papel de estas entidades que, articulando procesos referenciales y cognitivos, intervienen activamente en la representación de la realidad. Esta reflexión ha permitido apreciar cómo, al igual que otras instituciones que "administran la producción y la oferta de información" (Martín Serrano, 1986:46) como la escuela, la iglesia, la familia, entre otras, los medios son capaces de reproducir códigos culturales e ideológicos, actuando en la legitimación de un orden social dentro de un contexto determinado. Precisamente, al reconocerlos como órganos de amplio impacto cultural y moral, en Cuba se les ha integrado a estrategias fundamentales para elevar la cultura económica de la población, con el fin de crear en los sujetos actitudes conscientes ante la producción, distribución y consumo de bienes, así como para hacer avanzar a la sociedad en términos de motivación, implicación y compromiso con los objetivos de desarrollo socio-económico del país.   Dentro de este sistema de ampliación de conocimientos, a la prensa cubana —entre otras funciones— le correspondería desarrollar la temática mediante un trabajo informativo y de diálogo constante con el público. Sin embargo, es previsible que a corto plazo no pueda ejercer plenamente esos roles. Tal afirmación se sustenta en la existencia de dos situaciones: el difícil acceso de los periodistas a la información económica oficial y la insuficiente eficacia de los productos comunicativos de los medios, problemas analizados en reiteradas ocasiones por el gremio y el Partido Comunista de Cuba (PCC). Acerca del empleo de la información en un tipo de sociedad como la nuestra, los intereses de las instituciones políticas, económicas y de los medios de prensa deberían estar dirigidos hacia un mismo fin: la visibilidad pública de un desempeño socioeconómico puesto en función de lograr el sistema más justo y equitativo que pretende construirse en el mundo, es decir, el socialismo. Este  propósito no se cumple hoy plenamente en la práctica comunicativa, justificándose en las difíciles situaciones del contexto nacional. Durante 50 años, Cuba ha estado afectada por las limitaciones que impone su condición de país subdesarrollado, por las ineficacias internas en la ejecución de las políticas económicas —proceso en el cual se han practicado diferentes estrategias en el sistema de dirección y planificación—, y por la creciente hostilidad del bloqueo norteamericano.   En particular, la situación de nación bloqueada y asediada repercute en la práctica económica y sobre la psicología social de los habitantes de la Isla. Como es lógico, las condiciones especiales de la nación originan una manera muy específica de implementar la comunicación hacia los medios, originan restricciones en el funcionamiento interno de la prensa y determinadas conductas  en los productores de los mensajes.   Con la mirada hacia los últimos, vemos que el criterio de ser discretos para no ofrecer trigo al cerco económico y financiero norteamericano, origina muchas veces el dilema de cuál dato o noticia puede tener un carácter público, sin causar daños a los negocios, importaciones o financiamientos concedidos a las empresas cubanas; asimismo suele invalidar las valoraciones críticas sobre algunas prácticas y políticas económicas del país, bajo el concepto de que el trabajo informativo y el ejercicio de la opinión deben resaltar los avances y no los tropiezos.   Por todo ello, es importante detenerse en las características de los profesionales que aquí se dedican a la especialidad económica, y cuáles son los componentes de la cultura profesional que pueden mejorar su desempeño. Búsqueda de referentes teóricos Para realizar un acercamiento investigativo a la especialidad del periodismo económico, existe la dificultad de que la bibliografía foránea sobre el tema es de muy difícil acceso, y en adición, los textos de los cuales se tienen referencias están ubicados en las particularidades contextuales de la prensa española y norteamericana, como por ejemplo los libros de Díezhandino y Coca (1997) y Kelleghan (1998), o los artículos de Arrese (2004 y 2010). Estas bibliografías se hallan distanciadas de la práctica periodística concebida en Cuba, donde tanto la propiedad de los MCM como su misión comunicativa tienen un carácter social, y el sostén económico no depende de un resultado comercial.   En la Isla, autores como Vera y Constantín (2007), Marrero (2003, 2003a y 2006), Lesmes (2001) y García Luis (2001) han recopilado la historia de nuestro periodismo, haciendo énfasis en sus principios revolucionarios y éticos; de igual modo se han publicado otras obras de autoría nacional, como las de Benítez (1983 y 2006), Tellería (1986), García L. (2002), Sexto (2005), Calzadilla (2005), Rodríguez Betancourt (2005), y Cardosa (2008), dirigidas al aprendizaje de los géneros, la técnica y el estilo de la profesión. Sin embargo, no se cuenta aún con textos propios que expliquen de manera teórica los fenómenos dentro de la especialidad que nos ocupa. ¿Dónde hallar entonces algunos asideros conceptuales que resulten válidos al caso? En la Teoría de la Comunicación, los cuerpos teóricos construidos desde la perspectiva de autores como Manuel Martín Serrano (1977 y 1986), Jesús Martín-Barbero (1987) y John B. Thompson (1993), tienen el mérito de observar a los procesos comunicativos de manera holística, como fenómenos vinculados a la cultura, la ideología, la política y la construcción social de la realidad. A su vez están los trabajos de Guillermo Orozco (1991 y 2000) situados en el receptor, y de Enrique Sánchez Ruíz (1991), con énfasis en el emisor. Parte de estas teorías son aplicables a la producción periodística en el caso cubano.   Otros estudios han visto al periodismo como un objeto más específico. Los trabajos de Pamela Shoemaker y Stephen Reese (1994), así como de Miguel Rodrigo Alsina (2005), están ubicados en los procedimientos organizativos de las redacciones, las prácticas informativas rutinarias, las características sociológicas de los emisores y la cultura profesional de los periodistas, entre otros aspectos que median la producción de los mensajes.   Reconocimiento de algunas mediaciones La especificidad tecnológica de cada medio es considerada como un factor diferenciador de los contenidos económicos. Al ser presentados los mensajes con diversas modalidades de expresión —texto, imágenes y sonidos—, se supone que las maneras comunicativas inherentes a las particularidades mediáticas logren distintos efectos en los receptores.   Pero hasta el presente no se ha estudiado este asunto en Cuba; aunque vale estimar que en la prensa escrita existen condiciones más favorables para el tratamiento de la temática económica , sin embargo se pueden considerar tres elementos constriñentes para la eficaz comunicación de este contenido lo mismo en la radio, la TV o los medios impresos.   En primer lugar, como la información económica no fluye suficientemente, los medios de prensa quedan muchas veces impedidos de reflejarla en su real complejidad. Otra situación es que la población cubana posee niveles educacionales altos, pero no cuenta con una formación económica que le permita vincular el estado de la economía internacional y nacional con sus intereses particulares y sociales.   Y como tercer aspecto, se da la paradoja de que en buena parte de los productores de mensajes, existe un déficit cognitivo acerca de la economía y la cultura profesional no se haya enriquecida con el empleo de variadas técnicas para la búsqueda de la información, ni con el dominio de los géneros interpretativos, de opinión e investigativo, que posibilitarían una estrategia de comunicabilidad más efectiva para el contenido económico. Adentrándonos en las redacciones   La formación de la cultura profesional de los periodistas se concibe como el aprendizaje cotidiano de prácticas en las redacciones, donde se mezclan códigos, estereotipos, representaciones de roles en la concepción de la noticia, y se ejercita el manejo de los distintos sistemas organizativos de los medios.   Así la vieron Shoemaker y Reese cuando hablaron de las "orientaciones profesionales moldeadas fundamentalmente en el trabajo (o por la educación) a través de un proceso de socialización" (1994: 87); y del mismo modo reflexionó Cecilia Cervantes (1995) cuando aplicando a la práctica periodística el concepto de habitus, de Pierre Bourdieu, valoró que en ella se articulan interiorizaciones o apropiaciones culturales relacionadas con los principios universales del periodismo, pero también con una cultura ocupacional compartida de valores, creencias, actitudes individuales y otros elementos fundados tanto en la preparación académica como en ese lugar dinámico que es la redacción de prensa.   En cualquier vertiente especializada del periodismo, la cultura profesional requiere de una elevada instrucción, pues el redactor debe convertirse en un experto "con capacidad para seleccionar, valorar y comunicar con rapidez el contingente de informaciones generadas en las diferentes áreas de conocimiento de la realidad social" (Fontcuberta, 1993: 123); y a la par, precisa dominar técnicas y géneros periodísticos que contribuyan a que sus productos comunicativos susciten la atención de los receptores (Estefanía, 2006).   Pero los periodistas dedicados a la información sobre la economía se llevan la cima de los desafíos, al tener los relatos de este tipo un contenido temáticamente acotado, con fuentes, autores, canales y lenguaje propios que trabajan sobre un área delimitada de la realidad y sobre un público muy específico. En dichos mensajes han de confluir los cinco sentidos del periodista , apuntados por Kapuscinski (2004), pero también las tres C, recomendadas por Kelleghan (1998):  ser claros, concisos y completos.   Por lo tanto, la preparación y el estudio sistemático se tornan arduos para el periodista económico, cuyo habitus  está obligado a actuar como un "gran esquema ordenador" (García Canclini, 1984: 17) de prioridades, relacionando la percepción del entorno con la exigencia de una acción responsable. El habitus del reportero económico, además, ha de establecer un sistema de estrategias (Bourdieu, 1990) para conseguir informaciones entre fuentes poco accesibles, y para lograr la estrecha colaboración de expertos que ayuden en la explicación de los fenómenos, acontecimientos y categorías económicas. Y aún logradas las anteriores exigencias en el ejercicio especializado, un redactor tan sui generis también debe saber franquear los esquemas organizativo-normativos y las rutinas productivas, tanto de su MCM como las que él mismo ha llegado ha formarse bajo esquemas repetitivos.   Importancia de reconocer y actuar Los trabajos sobre la construcción de la noticia (Martini, 2000) o newsmaking, señalan la manera en que los elementos organizativo-normativos del órgano de prensa, incluida la ideología que el medio respalda, así como los aspectos individuales de los periodistas —rutinas, cultura profesional—, determinan la calidad resultante de los productos comunicativos. El concepto de rutina productiva  es aquí medular para el análisis. Consiste en la acción cotidiana para la búsqueda y procesamiento de información, bajo los criterios de noticiabilidad y control del medio, y donde queda a prueba la eficiencia profesional para elaborar con agilidad el producto periodístico en un tiempo establecido. Consta de tres fases: recogida de datos, selección, y presentación de los trabajos (Wolf, 2002). Acerca de la recogida y selección de noticias, en Cuba es útil detenerse en las relaciones que establece el reportero económico con las fuentes informativas. Por norma, resulta recurrente que este profesional busque datos altamente institucionalizados, para dar credibilidad a los mensajes. La utilización de una fuente de información prominente, es hasta cierto punto lógica, pues las declaraciones oficiales resultan confiables, por su autoridad y su bagaje informativo. Pero al existir dificultades para acceder a ellas, algunos reporteros se desmotivan, caen la autocensura y en la poca profundización de los hechos. La institución de prensa tiene la responsabilidad de incrementar su gestión con aquellas estructuras que cierran el acceso a los periodistas, privando de la información a los medios y sus públicos. A la par, debe crear una plataforma de superación para que su personal periodístico se arme de mecanismos y "herramientas" que potencien el trabajo y su calidad. Los reporteros, por su parte, deben fomentar ellos mismos su superación. Estudiar los conceptos comunicativos más actuales, elevar conocimientos acerca las ciencias económicas, aprender métodos investigativos que les propicien una mayor gama de fuentes. Nada les impide ampliar las vías de obtención de datos y enfoques en diversos espacios sociales y económicos: acudir a las fuentes documentales que existen sobre esta materia (informes oficiales de la Oficina Nacional de Estadísticas, trabajos realizados por el Centro de Estudio de la Economía Cubana, Centro de Investigación sobre la Economía Mundial, Instituto Nacional de Investigaciones Económicas, entre otros), utilizar las opiniones de expertos, explorar los escenarios laborales y sociales, y aprender a sacar mayor provecho a los datos públicos, incluidos aquellos que tenemos a la mano, en nuestra propia prensa. Bibliografía 1. Arrese, Á. (2004). ¿Qué se espera del Periodismo Económico? [Versión Electrónica]. Revista Istmo, Mayo-junio. No. 272. Consultado 23/7/2008, en www.istmoenlinea.com.mx 2. Arrese, Á. (2010). Los siete desafíos del periodismo económico [Versión Electrónica]. Sala de prensa 126 Vol. 6. 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Caridad Carro Bello Periodista de la Revista Bohemia
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