La televisión: ¿ventana al mundo exterior o banquete de los sentidos?
El mundo navega hacia el futuro sobre los cadáveres maltrechos de algunos principios morales,
acompañantes del hombre a través de la historia. En esta "nueva" civilización del dinero la ambición
rige tanto actitudes individuales como comportamientos colectivos, y por ende, incide sobre los
fenómenos de la sociedad. La comunicación de masas, definida por el periodista chileno Emilio
Filippi como: "sistema mediante el cual se transmiten significados o mensajes de un agente o
trasmisor a un auditorio o receptor relativamente grande, heterogéneo y anónimo", mantiene su
importancia como forjadora de criterios y opiniones.
El surgimiento de la televisión marcó un hito en la historia de la comunicación como parte
indisoluble del desarrollo de la humanidad. El nuevo medio complementaba la furia de los "días de
radio" y el camino de la imagen, iniciado por los hermanos Lumiere, con la falsa creencia de poseer,
sentado cómodamente en tu hogar, una infalible ventana al mundo exterior.
Supuestamente, la televisión sería un espejo de la realidad, pero…
Una inyección directo al cerebro del espectador. Eso es, en esencia, la más breve imagen
televisiva. Este incalculable poder no pasaría desapercibido al más grande enemigo del hombre: el
hombre mismo. De esta forma, el medio devino un instrumento más de la ininterrumpida lucha por
producir, mediante estímulos, reacciones planificadas cuidadosamente. Un campo para la aplicación
de la teoría hipodérmica, un terreno eficaz para producir comunicación unidireccional, donde emisor
y receptor no interactúan y es mínima la retroalimentación.
Con el transcurso del tiempo, nuevas teorías han surgido en el plano de la comunicación. El papel
del receptor es analizado de forma más profunda y se le reconoce una mayor participación en los
procesos comunicativos. La televisión ha tenido que adaptarse a las condiciones de la sociedad. Los
métodos se modifican, con éxito o sin él, pero su esencia propicia a la manipulación continúa
intacta. Aún con competidores tan poderosos como Internet y sujeta a constantes escándalos que
la desacreditan como portadora de la verdad, su influencia sobre las masas continúa siendo
abrumadora. ¿A qué se debe este fenómeno?
La respuesta la hallamos en las propias cualidades del medio. Sobre este particular, refiere el
estudioso Joan Ferrés: "Es un banquete para los sentidos. Mientras que en un texto escrito hay que
buscar la gratificación en el sentido de los discursos, la televisión ofrece una gratificación inmediata
proveniente de los signos, casi sin esfuerzo. Hay, pues, un primer nivel especular proveniente del
juego de las formas, los colores, la música, las voces seductoras, los efectos sonoros".
Cuando un individuo se sienta frente a su televisor, inconscientemente está recibiendo un
conjunto de mensajes subliminales que hacen mella en su psiquis y, en consecuencia, influyen sobre
su comportamiento.
La industria cultural, en su afán de concebir la cultura como un conjunto de ideas
preempaquetadas producidas en masa, (donde se sustituye la diversidad y subjetividad de cada
individuo mediante la fórmula del sincretismo homogeneizado) convierte al medio en fuente
inagotable para la transmisión de modelos de consumo. Ello influye sobre la audiencia a través del
proceso de transculturación.
Los sociólogos afirman que la televisión posee tres funciones: informar, educar y distraer.
Teniendo en cuenta el peligro oculto en las dos últimas, nos encontramos al fin ante la primera
supuesta función del medio: informar. En este punto, entra a jugar la responsabilidad social de la
prensa. Fernando García Cortázar señala al respecto: "en este momento los medios de comunicación
tienen muchísimo poder, ya no con el cuarto poder sino seguramente con el primero. Han
intervenido mucho en la historia desde el siglo XIX, y de manera definitiva en el siglo XX, de forma
que también la capacidad de manipulación de las imágenes es muy importante".
Para el estudioso de la televisión Giovanni Sartori esta posee el mérito casi indiscutible de
informar sobre determinados sucesos. Las dificultades comienzan a la hora de evaluar el concepto
de información y su valía como material a transmitir. Refiere Sartori: "la importancia de las
informaciones es variable. Numerosas informaciones son sólo frívolas, sobre sucesos sin
importancia o tienen un puro y simple valor especular, lo que equivale a decir que están
desprovistas de valor o relevancia significativa. Otras, por el contrario, son objetivamente
importantes porque constituirán una opinión pública sobre problemas de interés público".
Es sobre estas últimas que recaen los dos males contemplados por Sartori como característicos de
la televisión en la actualidad: la sub y desinformación, respectivamente. Sobre ellos expresa: "por
subinformación entiendo una información totalmente insuficiente que empobrece demasiado la
noticia que da, o bien el hecho de no informar, la pura y simple eliminación de nueve de cada diez
noticias existentes. Por tanto, subinformación significa reducir en exceso. Por desinformación
entiendo una distorsión de de la información: dar noticias falseadas que inducen al engaño al que
las escucha".
El periodismo, específicamente, juega un papel esencial dentro de la comunicación de masas. Si
se analiza como: "relato e interpretación de hechos actuales, a la luz de ciertos principios, con el
objeto no sólo de informar sino de orientar, día a día, a las personas que viven en sociedad" , nos
mueve a la reflexión sobre un tema tan antiguo como el oficio mismo: la ética periodística y su
cumplimiento a la hora de manejar un recurso sumamente valioso: la información.
Para la periodista cubana Miriam Rodríguez Betancourt la información es poder: "por su influencia
económica, ella ocupa el cuarto sector, sólo detrás de la producción de materias primas, la
manufactura y los servicios; donde su pujanza política e ideológica es tal que puede llegar incluso,
al nivel de toma de decisiones en las más altas esferas" .
Ergo, cuanto se relaciona con la ética comunicativa adquiere excepcional importancia. Vital
deviene, entonces, plantearse las responsabilidades individuales que cada comunicador posee y le
corresponde asumir como mediador entre los sucesos y el público.
Dichos términos de lucha por la eticidad se vinculan además y varían en consecuencia con los
códigos y declaraciones de principios de cada país, las reglas académicas y las reflexiones derivadas
de congresos, reuniones y foros del sector, como señala Rodríguez Betancourt.
Sin embargo, en dicho entorno convulso la responsabilidad del periodista como factor para el
consenso social, amenaza a veces con erigirse como uno de esos fantasmas del pasado que no
existen más que en el recuerdo.
Numerosos medios se han convertido en el tablado donde se representan los intereses de los
poderosos, y los periodistas, en títeres de una obra llamada manipulación. Tal fenómeno desafía la
inteligencia de ambas partes: manipuladores y manipulados. Y es precisamente en la palabra
inteligencia donde yace la solución para poder discernir qué vemos y qué creemos.
Bibliografía
1. Emilio Filippi: Fundamentos del periodismo, Editorial Trillas, 1997.
2. Ferrés, citado por Rolando Segura: "Televisión y periodismo: retos de un lenguaje en construcción",
en: Miriam Rodríguez Betancourt: Tendencias del Periodismo Contemporáneo, Selección de Lecturas,
Editorial Pablo de la Torriente, La Habana, 2005.
3. Fernando García Cortázar: entrevista en Tribuna de actualidad, núm.415, Madrid, 1996.
4. Giovanni Sartori: "La opinión teledirigida", en: Miriam Rodríguez Betancourt: Tendencias del
Periodismo Contemporáneo, Selección de Lecturas, Editorial Pablo de la Torriente, La Habana, 2005.
5. Emilio Filippi: Fundamentos del periodismo, Editorial Trillas, 1997.
Liudmila Morales Alfonso
Periódico 5 de Septiembre
"La civilización sólo se salvará si hace del lenguaje de la imagen una
provocación a la reflexión crítica y no una invitación a la hipnosis"
Umberto Eco